Sheilly se crió en Chimbote, ciudad portuaria ubicada en la región de Ancash al norte del Perú, y conocida por sus fábricas de pescado. Desde pequeña se familiarizó con la cocina, ya que participó activamente junto a varios de sus 9 hermanos del negocio familiar que levantaron sus padres, que consistió en un reconocido restaurante de la zona donde además se dedicaron a l crianza de conejos y cerdos.

Consiguió terminar sus estudios secundarios con los planes de ingresar a la Universidad y estudiar Obstetricia, a la vez que iba aprendiendo y tomando el gusto por la gastronomía, una de sus pasiones. Sin embargo, de un momento a otro el destino la llevó a tener que emigrar de su país a sus 17 años y de la mano de un primer hijo.

La primera en venirse a Chile fue su madre luego de que la enfermedad de su papá obligó a la familia a venderlo todo para pagar las deudas que dejaron los gastos médicos, por lo que del restaurante y de la cómoda y tranquila vida en llevaban todos en Perú, ya no queda nada. Una vez en Santiago, Sheilly imitó el oficio de su mamá como asesora de hogar, lo que le permitió independizarse en un mediano plazo.

Se enamoró de un chileno con quien tuvo otros dos hijos y armaron juntos una familia, pero por circunstancias económicas tuvieron que tomar la decisión de vivir separados, cada uno en casa de sus madres. Ya suman dos años alejados con su pareja, situación que se gatilló tras el nacimiento de su tercer hijo que obligó a Sheilly a dejar su trabajo para dedicarse al cuidado de los niños. “Con hijos es complicado trabajar, es muy sacrificado porque necesito coordinar con vecinas y amigas para que le retiren a sus hijos pequeños del jardín infantil y cuidarlos”, confiesa.

Pese a todo, Sheilly hace su mayor esfuerzo por conseguir empleo nuevamente y mejorar su situación. Un día mirando Facebook llegó al programa Yo Trabajo Jóvenes, al cual postuló de manera exitosa y pudo beneficiarse con capacitaciones de empleabilidad y un curso de cajera bancaria. “Me ha servido mucho, era muy tímida y empecé a desenvolverme, a interactuar con más personas, y debo decir que las personas que trabajan en la Fundación se portaron un siete conmigo”.

Sheilly tenía la ilusión de encontrar ese anhelado trabajo tan pronto concluyera el programa, sin embargo no ha sido fácil. Reconoce que la actual situación que atraviesa el país probablemente sea uno de los factores que más inciden en la falta de oportunidades. Me siento frustrada. Ir a la entrevista, y que luego nunca te llamen. “Es frustrante, porque justo cuando estaba terminando mi curso, se produjo el estallido social. Al comienzo tuve mucho miedo, pero viendo hacia atrás y todas las injusticias que existen, siento alegría porque el país despertó, y que está haciéndose escuchar para que hayan cambios para nosotros y nuestros hijos”.

Sheilly ha podido ver cómo las empresas en lugar de contratar gente, las están desvinculando. Por ello se ha dedicado a vender colaciones y cubos de hielo en su barrio, o se las arregla vendiendo cachivaches en ferias ambulantes. Y es que son muchos los sueños que tiene por delante. Por ejemplo, ahorrar para optar al subsidio y así a reunir a su familia. O iniciar un emprendimiento para la producción de eventos de cumpleaños infantiles. También le gustaría retomar sus raíces familiares levantando el restaurante que alguna vez tuvo junto a su madre.

Por ahora, está concentrada en encontrar un trabajo que le otorgue ingresos fijos y así comenzar a levantarse nuevamente. “Necesito mejorar mi modo de vivir y darle un futuro mejor a mis hijos para que estén juntos nuevamente con su papá. Lo bueno es que ahora tengo más herramientas para enfrentar entrevistas, y aprendí cosas que antes no sabía. Ya me adapté al modo de vida en Chile, y quiero seguir aquí. Me gusta este país, le tengo cariño”.