Humillante. Así describe Alison la sensación cuando la rechazaban de un empleo por no contar con la licencia de Enseñanza Media. Pese a tener buen rendimiento escolar, su deserción se gatilló por factores externos que ella describe como problemas de convivencia con sus compañeras del Liceo José Miguel Carrera. De inmediato al año siguiente, buscó continuar sus estudios en una escuela 2×1 donde se vio expuesta esta vez a una comunidad dominada por el narcotráfico.

Fue en ese minuto que con 17 años Alison pasaba a engrosar la lista del segmento denominado ”nini”, que es como se refieren a los jóvenes que no estudian ni trabajan. Dejar la escuela y no hacer nada es una realidad que se viene acrecentando en la última década en gran parte del mundo, y también en Chile. Según cifras del Ministerio de Desarrollo Social, son alrededor de 400 mil jóvenes de entre 15 y 29 años los que no terminan la Enseñanza Media, una cifra que aumenta a más de 528 mil jóvenes que ni estudian ni trabajan según estudios recientes de Actitud Lab.

Sin embargo, y pese a los pronósticos, el espíritu de superación y perseverancia de esta joven conchalina fue más fuerte, y logró conseguir trabajo como auxiliar en el Hospital de la Universidad Católica.

Habiendo superado ese primer obstáculo y luego de llevar varios meses en ésta, su primera experiencia laboral, Alison sintió que era capaz de subsistir de manera independiente, por lo que cuando cumplió la mayoría de edad, se enamoró y se fue de la casa de sus padres donde vivía además junto a otros dos hermanos.

En 2015 Alison y su pololo se macharon a Calama, donde vivieron 8 meses, y luego otros cinco en Antofagasta, período en que ella conseguía empleos esporádicos como vendedora, cajera y reponedora mientras su pareja trabajaba en construcción. Afortunadamente, Alison asegura que de no haber contado con su anterior experiencia como auxiliar, encontrar empleo hubiera sido una tarea casi imposible. “Cuando tienes experiencia en el trabajo se hace más fácil conseguir otros. Lo malo es que como íbamos de acá para allá, no pude terminar mis estudios, y eso era una frustración ya que yo quería ser alguien más en la vida”, confiesa.

De la frustración al sueño de surgir

Alison Verdugo feliz ya que consiguió su primer diploma como manicurista.

Luego de una relación amorosa que duró 5 años, Alison volvió a casa de sus padres, quienes la recibieron con los brazos abiertos. “Cuando llegué a la casa de mis papás, les dije que estaba decidida esta vez a terminar mis estudios. Se pusieron felices y me dijeron que me apoyarían en todo, me compraron lápices y cuadernos, y se pusieron felices ya que ellos no terminaron el colegio tampoco y siempre han querido lo mejor para mí”.

Este 2019 y a sus 24 años, Alison retomó sus estudios en abril, lo que le significó un cambio no solo de rutina sino que también en lo anímico. Y es que comenzó a trazar su principal sueño, que es estudiar auxiliar de párvulos, conseguir un título y surgir.

Con ese entusiasmo, se abrió a la posibilidad de tomar un curso gracias al empuje de su madre, quien le comentó de los programas que ofrece FOSIS. Fue así como fue seleccionada para realizar un curso de manicure gracias a “Yo Trabajo Jóvenes”, programa ejecutado por Fundación Trabajo para un Hermano el cual busca mejorar las condiciones de empleabilidad para insertar al mercado laboral a hombres y mujeres de entre 18 a 29 años.

“Estoy muy agradecida de la Fundación porque ahora tengo un diploma y mis implementos para poder trabajar por mi cuenta mientras completo mi Enseñanza Media”, comenta Alison.

Ahora, y agracias a las oportunidades y puertas que le abrió el programa, se está proyectando por primera vez en su vida para iniciar un negocio de estética en sociedad con su mejor amiga, por lo que al sueño de terminar sus estudios se suma ahora el de emprender. “Este programa significó muchos cambios en mi vida, ya que antes no hacía nada. De no haber sido por este curso, no hubiera descubierto que soy capaz de trabajar por mí misma”.