Peleas de espadachines, competencias de arqueros, vestidos largos, capuchas o abrigos vikingos. Aunque estamos en el año 2018, el ambiente es de hace varios siglos atrás. Las ferias medievales se han ido poco a poco haciendo más recurrentes en nuestro país y Verónica Jerez, participante de Fundación Trabajo para un Hermano, decidió hacer de estas, su nuevo nicho de mercado.

“Mi emprendimiento se llama Vinterlis y consiste en vestimenta de recreación medieval, desde el siglo V al XV. Nuestro lema es que hacemos todo tipo de ropa, menos la normal”.

Esta mujer proveniente de Los Ángeles, ha pasado por muchísimas dificultades, pero hoy es feliz en lo que hace, especialmente porque tiene la posibilidad de trabajar junto a su hijo Thomas.

Cuando recién llegó desde el Sur a Santiago, sola, con un embarazo de riesgo y tras haber sufrido la quiebra de su panadería, hizo de todo para salir adelante. Costuras, cierres, tortas, cuidó niños. Cuando su hijo creció y pudo cuidarse solo, comenzó a trabajar como asesora del hogar. Eso, durante 10 años. Pero su hijo fue diagnosticado con asperguer, y la falta de permisos para acompañarlo al psicólogo y psiquiatra, la llevaron a renunciar para poder acompañar a Thomas en su tratamiento psicológico.

Su hijo ha recibido mucho bullyng a lo largo de su vida, no sólo por el asperguer, si no que porque es transexual. “La primera vez que lo escuché, tenía 4 o 5 años y la psicóloga me dijo que era porque el papá quería un hijo hombre. No entendió nada. Tras su tratamiento con la doctora que lo atiende actualmente, Thomas por fin pudo liberarse y decir que era hombre”.  Verónica nunca lo juzgó “Para mí no fue novedad.  Cuando tú tienes un hijo lo único que quiere uno es que su hijo sea feliz y yo veía que él antes de reconocerse, no era feliz. Sufrió bullyng desde primero básico y a los 15 tuve que retirarlo por stress post traumático. Este año trató de retomar y nuevamente tuve que retirarlo pero esta vez fueron los docentes quienes lo discriminaron. Le hicieron un informe que no correspondía y él se sintió sumamente humillado.

Junto a su doctora, decidimos que volverá a estudiar cuando haya alcanzado cierta madurez”. Por eso solamente ha logrado cursar hasta 8° básico.

Para Verónica, como para muchas mujeres que se hacen cargo solas de sus hijos, los trabajos dependientes no ofrecen la flexibilidad necesaria, cuando los menores tienen grandes necesidades de cuidado. De este modo, el trabajo por cuenta propia se convierte en la única manera de generar ingresos sin descuidar a la familia. Es el caso de Verónica, a quien la necesidad de pasar tiempo con su hijo, la impulsó a emprender.

Y fue su mismo hijo quien la introdujo en el mundo medieval. Un vecino lo invitó a un grupo de recreación y como Verónica tiene que acompañarlo, se integraron ambos al grupo. “Thomas tiene un curso de costura y partimos haciendo juntos los trajes para él y para mí. Luego para nuestro vecino. Después para unos chicos de Concepción. Y así avanzamos. Me encantó hacer algo totalmente diferente”

Así fue como empezó Verónica: a ensayo y error y hoy, se dedica 100% a las ropas temáticas. Pero no fue tan fácil integrarse a ese mundo. En cada grupo hay alguien que hace la ropa y en el grupo al que entraron Verónica y Thomas, esa persona ya estaba. Entonces, debió buscar una estrategia “Noté entonces que en regiones existían ferias pero no había quien hiciera los trajes. Allá no tienen fácil acceso al lino, y las modistas no entienden bien lo que les están pidiendo. Llega alguien con una foto de algún hallazgo histórico y tú tienes que hacer la réplica. No es un disfraz. Gracias a eso, hoy tengo clientes desde Iquique a Punta Arenas”.

También la ha beneficiado su gran perseverancia “Para que a uno le vaya bien hay que creerse el cuento y perseverar. He ido a ferias que han sido pura pérdida, pero eso significó que entregué volantes y después me llamaron clientes”.

Llegó a Trabajo para un Hermano tras salir beneficiada con el programa de “Apoyo a Emprendimientos Innovadores Pudahuel 2018”. Durante el período de capacitación aprendió muchísimo. “Me di cuenta de que las primeras tenidas que vendí fueron un regalo, no sabía cobrar. Yo sólo cobraba más o menos a lo mismo que mi competencia. Ahora me doy cuenta de que no había considerado muchas cosas que tengo que considerar como parte de los gastos. Ya sé más sobre los costos, las telas, cuánto ocupo, cuáles son los costos fijos, variables. Saco el respaldo para saber si cobré bien no”. Su objetivo a corto plazo es lograr formalizarse para comprar un vehículo, ya que en pagar fletes se les va bastante dinero.

Sin lugar a dudas Verónica ha tenido un camino muy difícil para llegar a dónde está y evidentemente, aún falta un resto largo por recorrer. ¿De dónde saca sus fuerzas? Como muchas mujeres emprendedoras, de su hijo “Tengo que ayudar a mi hijo. Él tiene ya 8 intentos de suicidio pero el estar con él más tiempo lo ha fortalecido. Ahora que estamos más tiempo juntos tenemos conflictos como todos, pero sigue siendo muy apegado. Mi hijo es mi motor. Todo lo hago por él, para que tenga algo en el futuro”.

Un gran soporte para Verónica ha sido la comunidad que ha construido junto a los otros artesanos de las ferias medievales. “Nos conocemos casi todos y cuando he tenido problemas con mi hijo, los artesanos siempre me han estado apoyando. Si tengo que partir al hospital, me acompañan o están todos llamándome. Aquí todos lo apoyan y lo cuidan mucho”.

Verónica, sin espada ni armadura, ha enfrentado los más grandes obstáculos y gracias al amor inconmesurable que siente por su hijo, está logrando sacar adelante su negocio y conocer un mundo maravilloso y una red de apoyo con la que sabe que puede contar ante cualquier dificultad.

No se puede más que decir que su fortaleza, es épica y digna de darse a conocer.


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