A un lado de la Costanera Norte, en la comuna de Independencia, se ubica la plaza El Trébol. Esta plaza, casi desocupada durante la semana, adquiere vida, olor y sabor durante los fines de semana.

Abundan los chicharrones, el pollo groster, las papas rellenas, los picarones y el lomo saltado. Mientras los padres disfrutan de un sabroso almuerzo, los más pequeños se divierten en las camas elásticas y los juegos inflables. La fiesta dura hasta que se esconden las luces. Así, se repite cada fin de semana.

Pero esa plaza no siempre fue así. En algún momento fue un lugar peligroso, solitario y oscuro. La transformación estuvo en las manos de la Agrupación de Mujeres Emprendedoras “Entretención y Gastronomía”, compuesta por Zhenia Noriega, Cindy Vélez, Eva Espinoza, Graciela Valverde, Lisbeth Bustamante, Virginia Alvarado, Graciela Bustamante y Janet Asencio. Todas migrantes desde Perú, con la excepción de Cindy, presidenta de la agrupación, que viene desde Colombia.

Se conocieron en esa misma plaza. Primero llegó Graciela Balverde junto a su hermana. Vendían papas rellenas con un carrito de supermercado. Luego se sumó Virginia y su madre Eva. Las siguió Zhenia, quien era oriunda del mismo pueblo, Chimbote “Vinimos a Chile porque en nuestro país había poco trabajo. De donde somos con la señora Virginia y Eva, uno se dedica a la agricultura y la pesca, pero por las vedas, la pesca empezó a disminuir y entonces no había oportunidad de trabajo”. La señora Virginia justamente, trabajaba en una fábrica envasando el atún, pero el trabajo era sumamente inestable. “Mi hija entonces, se vino a Chile y ella me trajo. Nos costó acostumbrarnos, llorábamos al principio, mi niño me decía “para qué me has traído”. Después empezamos a venir a esta plaza trayendo una parrilla. Y así nos fuimos adaptando”. Poco a poco se fueron sumando todas las integrantes. Pasaban por ahí, veían la oportunidad y ponían manos a la obra. Zhenia notó que faltaban juegos infantiles y decidió entonces invertir en una cama elástica. Hoy cuenta con 4 camas elásticas y 2 juegos inflables.

Se formaron como agrupación hace 5 años, apoyadas por la Municipalidad para poder comprar sus carros. Sacaron la resolución sanitaria y la patente y lograron de este modo instalarse los fines de semana con 7 puestos de comida y 2 de juegos, cambiándole la cara a la Plaza el Trébol.

“Había mucha delincuencia, mucho borracho, mucha pelea entre barras, no había luz, todo era oscuro. Entonces fuimos a hablar con el Alcalde porque había sólo un alumbrado pequeño. Ahora hay más focos y están esparcidos. Eso gracias la organización con la Municipalidad. Ahora vinieron de la Costanera Norte para ver dónde falta más alumbrado y basureros y nos van a apoyar con eso”.

 

En ese sentido el apoyo de los municipios al emprendimiento es trascendental y genera beneficios no sólo para quien recibe, si no que para la misma comuna. Bien lo explica Cindy Vélez “Yo pienso que los municipios deberían poner más énfasis en este tipo de proyectos de asociaciones porque primero que todo, esto genera más empleo para las madres que son cabeza de familia, haciendo que la mujer se dignifique. También en este caso por ejemplo, permitió ayudar a la seguridad de una comunidad, porque las mismas personas que la integran pueden hacer que un lugar que está lleno de delincuencia y droga, se transforme en un espacio donde la gente pueda habitar, estar con sus hijos y compartir”.

Pese a todo lo logrado, de momento les estaba haciendo falta un generador para poder funcionar bien durante las festividades y celebraciones que tienen lugar en la plaza, en la cual ya se ha formado una gran comunidad migrante. Con ese objetivo ingresaron al proyecto “Desarrollando Organizaciones en el Territorio Chacabuco, Poniente, Centro Norte” en Fundación Trabajo para un Hermano. Hoy, lo que más valoran de la experiencia es el aprendizaje obtenido. “La capacitación en la Fundación fue muy buena. Aprendimos cómo organizar los gastos y a tratar de ahorrar. A veces uno compraba cosas que eran inútiles para el negocio. O por ejemplo, entregábamos un montón de servilletas por plato. Ahora sabemos que si vas a vender una papa rellena, va con un tenedor y una servilleta, porque son gastos igual”.

Naturalmente las dificultades también existen “extrañamos la familia y los espacios. Acá son más reducidos. Allá puedes vivir en casa, acá en una pieza, porque no tenemos casa propia”. No obstante han podido contar con el apoyo de la otra, siempre. “Tenemos una directiva para organizarnos. Y es bueno trabajar juntas porque cualquier cosa contamos con la otra, para alguna emergencia, nos cuidamos la una a la otra. Tenemos una caja chica también. Una cuota semanal y para cualquier tipo de evento o emergencia, siempre tenemos”.

Al estar organizadas, a este grupo de mujeres migrantes las puertas se les abrieron rápidamente. Ahora viven de su emprendimiento el cual es el principal ingreso familiar de todas ellas. Y no sólo eso, con esfuerzo y cariño han logrado no sólo mejorar su calidad de vida, si no que la de toda su comunidad, aportando al desarrollo económico y social de los sectores vulnerables.

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