La orfebrería artesanal, como todo arte y oficio, requiere mucha dedicación, paciencia y perseverancia. Así mismo, quien busque ser un buen orfebre, debe especializarse y profundizar sus conocimientos.

No es de extrañar entonces, que quien realiza un primer curso de orfebrería, decida conocer y dominar las diferentes técnicas y procesos que la creación implica. Por ello en Trabajo para un Hermano nos esforzamos para poder tener año a año capacitaciones que permitan a los participantes acceder a estos conocimientos para seguir creciendo.

Gloria Pérez Yáñez encontró un día, un folleto de nuestra Fundación en el consultorio al que asistía. Buscó en internet lo que era la orfebrería y recordó un anillo que siempre había tenido en mente. Quería hacerlo y tras largo tiempo de trabajo, lo consiguió. Hoy, ya ha tomado varios cursos distintos, incluida la capacitación en emprendimiento. ”Empecé con cadenas, después engaste, orfebrería básica, esmaltado, grabado al ácido, piedra reconstituida. Todas las técnicas a uno le sirven, porque vas agregando valor a tu trabajo, algo extra. Puedes pararte delante de otros orfebres que llevan años y a modo personal no quedo chica ante los demás. Todo lo que uno adquiere aquí es conocimiento del bueno”. Es por ello que está enormemente agradecida de la Fundación. “Gracias a Trabajo para un Hermano he podido conocer el oficio de la orfebrería. Mis alas se abrieron completamente con los cursos. Ahora puedo decir que soy una orfebre artesana, casi trotando”

Víctor Hugo Peña llegó por casualidad a la Fundación. Una amiga le preguntó a su señora si conocía a alguien que se interesase por la orfebrería. Él estaba recién jubilado, por lo que decidió inscribirse. Eso hace ya 5 años, periodo en el cuál ha realizado cursos de orfebrería básica, engaste, grabado al ácido, esmaltado y lapidación.  “Lo bueno que tiene la Fundación es que a uno le enseña cosas precisas. Uno se especializa en un rubro. Es mejor así, ir aprendiendo bien de a una cosa. Me ha servido mucho.” La edad, no es un impedimento para que don Víctor siga capacitándose. Al contrario, su experiencia y generosidad son un gran aporte para sus compañeras. “La Fundación es maravillosa y yo estoy aquí para sumar, nunca para restar”.

Maritza López comenzó a los 57 años. Encontró un aviso de Trabajo para un Hermano en el metro. Se inscribió y partió con el taller de orfebrería básica, donde aprendió a calar y soldar. Hoy ya tiene 6 cursos a su haber y no piensa detenerse. “Conocer varias técnicas de la orfebrería, me permite hacer piezas mejor terminadas. Saber que puedo mezclar metales o maderas, que con patina puedo dar a una pieza de piedra unos tonos fabulosos. Es importante seguir aprendiendo nuevas técnicas porque hacer siempre lo mismo es una postura confortable que no es buena.  Si yo sigo avanzando, abro mi mente a crear”.

Maritza se fue dando cuenta de a poco, que desde chica soñaba con hacer este trabajo, pero lo había olvidado por cosas de la vida. ”Uno tiene que trabajar, producir dinero para la casa, me había olvidado de mí. Y aquí comencé de nuevo a recordar qué era lo que me hacía feliz, que era lo que me gustaba. Ha hecho que aparezca la verdadera Maritza. Me emociona el reconocer que la vida me ha dado esta oportunidad. Sobre todo que existe esta institución Trabajo para un Hermano en donde no se discrimina. Todos podemos entrar a estudiar acá y comenzar a hacer algo que nos haga sentir realizados, útiles y reconocidos. Yo puedo hacer lo que yo me proponga. Y de eso he logrado darme cuenta acá en TPH. Estoy feliz“.

Actualmente en el Centro de Emprendimiento y Desarrollo San Alberto Hurtado se están realizando los cursos de orfebrería especializados en: lapidación, esmaltado en cobre y engaste de piedras semi preciosas.

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