Trabajo para un Hermano tiene sus orígenes en la labor de una Comunidad de Vida Cristiana (CVX), que a partir de 1975 comenzó a formar talleres en la comuna de Conchalí, en los que se elaboraban alfombras, tejidos y bordados.

Ser testigos de cómo una oportunidad laboral les cambiaba la vida a muchas familias del sector, reflexionar en comunidad la encíclica Laborem Excersens que decía que el trabajo es la «clave de la cuestión social», y la tremenda cesantía que amenazaba al país a fines del año 1981, fueron las semillas que dieron origen a TPH.

Una de las impulsoras de estas iniciativas fue Josefina Errázuriz, teóloga, que ha sido parte de la historia de la Fundación. Al mirar hacia atrás, Josefina afirma que a lo largo de los 36 años de TPH se han dado muchos y diversos pasos persiguiendo siempre dar vida a la misión que la Iglesia de Santiago les tiene encomendada. Destaca que en todo su caminar, la Fundación ha buscado mantenerse lo más cercana posible al dolor y necesidades de los que no tienen trabajo. Y por eso sus Centros de Desarrollo Local se han ido emplazando en los sectores más pobres de la ciudad. «Desde el comienzo lo nuestro ha sido querer apoyar a las personas que no tienen trabajo.

Nuestra forma de contribuir con la sociedad consiste en crear conciencia del valor del trabajo y buscar formas de dar trabajo a los que no lo tienen, porque creemos y estamos convencidos de que el trabajo hace toda la diferencia para que las personas se sientan dignas y formando parte activa de nuestra sociedad. Así se refuerza a la familia y se contribuye a la paz social».

«Recuerdo que al comenzar el año 1982, en tiempos de la gran cesantía, un obrero se me acercó llorando y me dijo ‘desde que me dejaron sin trabajo, yo ya no sé quién soy, no tengo lugar en el mundo, nadie me necesita. Cuando tenía trabajo yo sabía lo que hacía y lo que daba, yo era yo’. Creo que esa frase grafica muy bien lo que pasa con el trabajo, y lo que pasa cuando se está sin trabajo. A eso queremos dedicarnos en TPH: a ayudar a que las personas tengan un trabajo que a ellos les guste, que lo sientan propio y que se jueguen por él. Que sientan que eso que hacen es importante, que es para un hermano, que ayuda a otros, que es para ellos y para sus familias, para que sus hijos puedan crecer en una familia unida y puedan colaborar con la sociedad».

Josefina resalta que uno de los factores que distingue a Trabajo para un Hermano es la cercanía a las personas a las que apoya. Como Fundación de la Iglesia de Santiago, «estamos para ser signo del amor de Dios por las personas y sus trabajos, para ser signos visibles de que a la Iglesia le importa el trabajo humano, lo defiende y lo valora mucho”. Otro aspecto que considera fundamental dentro del quehacer de TPH es lograr que los trabajadores vivencien cómo el trabajo los hace más humanos. «Intentamos enseñar que todo trabajo puede ser un «buen trabajo», no sólo por el dinero que aporta a la familia, que es tan importante, sino que también por cómo se hace, cómo me doy en el trabajo a las demás personas, que son nuestros hermanos porque son hijos del mismo Padre Dios. El ‘buen trabajo’ del que hablamos en TPH es algo de índole espiritual, humanizante, es una forma de vivir el trabajo dándole valor».

¿Por qué comprometerse con Trabajo para un Hermano? «Porque de hecho estamos dando trabajo a gente que lo necesita, a familias que quieren salir adelante. Somos eficientes en eso, llevamos historia en hacerlo bien. Pienso que a cualquier persona que aporta para que otro u otros puedan tener trabajo, se le llena de alegría el corazón; y al que se le da trabajo gracias a ese aporte también se le llena de alegría el corazón. Por eso TPH quiere ser un puente de solidaridad y de alegrías profundas en torno al trabajo, un puente de fraternidad entre los hijos e hijas de Dios».

«Estar en TPH me ha hecho crecer como mujer»

Según Josefina, TPH nació como respuesta a un llamado de Dios en unos Ejercicios Espirituales de enero de 1982. “Allí sentí que era necesario hacer algo para luchar contra la terrible cesantía que ya comenzaba, que como cristianos no podíamos quedarnos callados ante esa terrible situación para los más pobres y que, como comunidad CVX, teníamos que buscar alguna forma de vivir y dar testimonio de la solidaridad cristiana ante esa amenaza”.

Para ella, ser parte de TPH ha sido muy importante y le ha permitido crecer en todos los ámbitos de su vida. «Me ha permitido tener una visión más amplia de la sociedad en que vivimos. Me ha hecho reconocer la fuerza que tienen las personas para salir adelante, el empeño y los milagros sorprendentes que pasan con ellos cuando se les apoya en sus emprendimientos. Esa experiencia humana me ha abierto el corazón, la cabeza y el deseo de colaborar. Me ha mantenido muy viva, atenta a lo que pasa, interesada en lo que sucede en política, economía, educación y en muchos ámbitos, porque este contacto con las personas me obliga a no quedarme tranquila. En definitiva, me ha hecho crecer como mujer y como cristiana. Me impulsa a estudiar, a meterme en los temas, a tratar de entender cosas que no entiendo, conversar con otros, trabajar en equipo. ¡Es muy desafiante! Y veo que a todos en mi familia les gusta lo que hago. Por todo eso agradezco a Dios el poder estar en esto. Es un privilegio y un regalo muy grande».

Junto con sentirse favorecida, está conciente de que esto es una misión que tiene encomendada. «El Señor me tiene en esto, tengo mucha conciencia de que esto no es algo mío, sino que Él me lo encargó».