Generalmente es difícil encontrar apoyo para nuestros proyectos cuando todo lo que tenemos es una idea de negocio o estamos recién empezando en el mundo del microemprendimiento.

Por ello, este año Fundación Trabajo para un Hermano está implementando un programa piloto que  Fosis y Sence están impulsando en alianza, para apoyar tanto a aquellos emprendedores que están recién en la idea, como a los que tienen su negocio un poco más desarrollado.

“Potenciando Emprendedoras y Emprendedores en el Territorio Norponiente” es el nombre del proyecto y consiste básicamente en apoyar a un total de 100 personas para que logren aumentar sus ventas.

Luisa Reyes es una de ellas. Es dominicana, llegó hace 8 años a nuestro país y está comenzando a sacar a flote su negocio. Entrega un servicio de peluquería, específicamente en trenzas. “Hago todo tipo de trenzas. Me traen una foto y yo las hago. Partió como un hobby porque me gustaba desde que era chica. Aprendí como a los 8 años y de ahí me fui especializando yo sola”.

Luisa ha descubierto que para poder aumentar sus ventas, debe empezar a ampliar el servicio que entrega. “He aprendido cómo agregarle valor a mi negocio, cómo añadir otras cosas para que entre más plata. Por ejemplo, lo que yo hacía era pedir a las personas que llegaran con el pelo húmedo. Yo les secaba y les hacía las trenzas. Pero ahora quiero empezar a además lavar el pelo. Lavarlo, secarlo y cobrar ese servicio.

Christopher Gana es el único varón de su curso. Estudió cocina y su emprendimiento es especial para el próximo 18 de septiembre: fabrica y vende empanadas.  Las produce en distintas variedades como con carne mechada, queso o vegetarianas y tras finalizar el proyecto pretende establecerse con un local. El curso le ha entregado una nueva visión respecto a la necesidad de innovar. “Siendo bien sincero, uno llega acá más que nada por el subsidio económico ya que permite comprar las máquinas que te faltan. Pero la ayuda que estamos teniendo ahora con el curso no la esperaba. Te enseñan a tener otra visión. El profesor dice ‘ahora ustedes se van a fijar en la calle, en el local que vende empanadas, van a mirar todo con otros ojos’ y yo me he dado cuenta que es así. Ahora me fijo por ejemplo en cómo te venden, cómo te atienden, porque otra cosa que es súper importante que aprendí aquí es cómo influye el estado de ánimo del vendedor. Si traspaso mi mal día a los clientes, no van a volver más a mi negocio”.

El subsidio económico del que habla Christopher, consiste en un monto de $300.000 para quienes están recién en la idea de negocio y $400.000 para quienes ya tienen su negocio andando.  Este dinero debe ser invertido en algo que permita hacer crecer el emprendimiento.

Luciana Prelle tiene sólo 18 años, pero su corta edad no es impedimento para su claridad respecto a lo que quiere hacer con el aporte monetario “Me gustaría tener un taller a futuro, de mecánica y repuestos y lavado de autos, pero por ahora me quiero implementar y comprar herramientas para poder empezar a trabajar a domicilio”. Luciana es estudiante de Ingeniería mecánica automotriz y autotrónica, pero trabaja en un taller desde los 16. Ahora le gustaría tener sus propias herramientas. Si bien es una mujer en un rubro históricamente dominado por los hombres, Luciana no se siente discriminada porque como bien dice “cuando uno tiene dedos parea el piano y notan que uno sabe, no discriminan”

En el curso de emprendimiento, Luciana es la más pequeña, pero al igual que como pasa con sus estudios, nada la detiene.  “Esta no es mi primera opción, he estudiado, voy a Sercotec, he ido a Fosis, me he informado de muchos proyectos, he visto los cursos que hacen en la Municipalidad y la gente siempre es mayor. Estoy acostumbrada a que la gente me diga ´Uy qué chiquitita, ojalá a tu edad hubiera estado haciendo eso´”.

El emprendimiento de Luciana es algo que de momento sale del común, pero en su mayoría, los rubros que más abundan son peluquería, confección y alimentos.

Al área de confección pertenece Jeannette Alvaneses, quien espera poder conseguir mayor clientela tras su paso por el curso. “He notado que hay cosas que me faltan en mi taller o que yo no hacía. Por ejemplo, el ahorro que uno tiene que ir dejando de lado tener más distribución. Yo me quedaba con los clientes que tenía no más, me faltaba mostrar más, por internet por ejemplo».

De todos modos, Jeannette siente que faltan espacios de distribución para los microemprendedores.  “Nosotros fabricamos muchas cosas pero nos faltan puntos de venta. O el apoyo para tener más publicidad, para hacer una página web por ejemplo, que es muy cara”. Con ella coincide Luisa. “Si bien yo encuentro que en Chile hay harto apoyo a los emprendedores pequeños, porque en mi país no es tanto así, tal vez falten más ferias artesanales donde mostrar el trabajo. En el 2012, una señora que se ponía en la feria navideña, me invitó a ponerme con un banquito a hacer trenzas. Tuve hartos clientes y de hecho todavía tengo algunos de esa ocasión».

Hernán Santander, uno de sus profesores, da cuenta de que lo que más debe reforzar en las y los participantes es la innovación en cuanto a los puntos de venta.  “Cuesta cambiarle el chip para que se empoderen y aprendan que son una empresa, incentivarlas a vender a que vean las necesidades del cliente, ya que en ese sentido, falta innovación. Están siempre vendiendo a los vecinos o amigos y lo que creo es que les falta atreverse a buscar nuevos puntos de venta, ir al mall por ejemplo, salir de la comuna. Aun así, son todas y todos súper motivados, tratando de cumplir con todo. Hay un alumno con muletas, hay gente que tiene hijos enfermos, o que han tenido un montón de problemas, pero vienen igual, están como comprometidos con su emprendimiento”.

Y cómo no estarlo si para muchos significa poder cumplir el sueño de toda una vida. Pamela Zuilt es una creativa mujer, que busca poder sacar adelante un negocio de confección de ropa de estilo personalizada, como ropa para gente rockera a medida por ejemplo.

“Es bueno cuando uno hace este tipo de cursos, darse cuenta de que uno no está sola, hay cada vez más mujeres con los mismos sueños desde uno, aunque el fondo no sea el mismo pero el fin, la motivación, lo es. La mayoría de las mujeres acá somos mamás, tenemos hijos y es bonito darse cuenta que uno no está sola, que hay montones de experiencias similares y que se puede soñar, se puede seguir soñando y ya no es solo soñar, no me voy a cansar hasta que se cumpla”

Y este es un gran paso para poder avanzar hacia ese objetivo. El fin es que poco a poco, con estudio, trabajo y esfuerzo, logren transformar el sueño de tener un trabajo sustentable y bien hecho, en una empresa concreta, que les de alegría y orgullo por lo alcanzado.

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