En este mes especial de la Solidaridad, quisimos destacar el testimonio de un hombre que la vive en su día a día y que con su aporte constante permite capacitar a microemprendedores que buscan salir adelante mediante su trabajo.

Eduardo Truco es abogado hace 51 años. Dicha formación ha potenciado su sentido de justicia, valor tan escaso en nuestra sociedad actual. Nació y creció en Concepción, ciudad donde además realizó sus estudios tanto en el Liceo como en la Universidad de Concepción, pero tuvo que venirse a Santiago por motivos laborales, ya que la centralización que existe en nuestro país, genera pocas oportunidades para las personas de región.

“Ya en ese tiempo estábamos tratando de descentralizar el país, cosa que todavía evidentemente no se logra, en ni una milésima parte de lo que debiera ser”.

El haber crecido lejos de la gran ciudad, le permitió a Eduardo tener otro prisma, quien de hecho ve a los mismos capitalinos con una mirada bastante crítica.

“Yo creo que hay mucho, mucho, mucho egoísmo y actualmente además mucho egocentrismo, con el famoso celular y el whatsapp. La gente no mira en la calle. Van leyendo. Incluso la gente que maneja. Están todos metidos en su burbujita egocéntrica. Ahora eso es especialmente grave en las ciudades más grandes.  En pueblos más pequeños, en provincias, creo que la cosa se vive distinto”.

Eduardo es donante de nuestra Fundación, y dos Instituciones más. Sus motivaciones tienen que ver con una fuerte consciencia acerca de la inequidad existente en Chile.

“Por mi formación en Derecho Económico me tocó mucho ver cómo está organizada la economía y las sociedades, y naturalmente nuestra sociedad no es justa. Hay que tener suerte o nacer en casa de padres con fortuna para realmente tener la cancha un poco más despejada. Entonces, en cuanto pude empezar a hacer algo de aporte lo hice. Me parece que es una buena forma de gastar mis ingresos”.

Pero como bien decía el Padre Alberto Hurtado “Hay mucha gente que está dispuesta a hacer la caridad pero no se resignan a cumplir con la justicia” y Eduardo es consciente de que sólo la caridad, no basta.

“Yo creo que se necesita una sociedad más solidaria y más justa. Mencioné el hecho de que había estudiado en el liceo, porque justamente en esos tiempos, años ‘55 al ‘60, en moneda de hoy día mi padre debe haber pagado 30mil pesos por todo el año. O sea, nada. Y la Universidad, debe haber sido unos 90mil pesos por el año. Ese fue uno de los cambios más terribles, la educación como un comercio y como discriminadora de la gente según su nivel económico. Se destruyó la educación pública, se destruyó la salud pública, y eso para mí fueron dos fallas brutales porque hacen la sociedad mucho más injusta. Hoy existe mucha gente que no ve ninguna posibilidad, y eso es terrible. Que tú a los 18, 19 o 20 años creas que no tienes posibilidad alguna en el país donde vives, me parece muy injusto”.

Practicar la solidaridad en Chile, es hoy una necesidad apremiante. Lo bueno es que tal valor, se puede vivir de múltiples maneras como bien señala Eduardo “una es haciendo este tipo de aportes monetarios, otra es haciendo cierto tipo de actividades de apoyo, como trabajo voluntario. Pero además se puede vivir en términos de ayudar a cierta gente en múltiples sentidos. Por ejemplo, yo ayudo además compartiendo conocimiento. Sé de mucha gente que probablemente no tiene ingresos suficientes para comprar libros, y las bibliotecas públicas en Chile no son muy buenas. Entonces yo leo bastante, subrayo y después edito un Boletín Literario”. De ese modo, Eduardo ha ayudado a estimular la lectura, lo que es de suma importancia a la hora de expandir horizontes, abrir la mente, y crear un sentido crítico “La gente que no lee está muy complicada, porque si tú no lees, no tienes vocabulario. Si no tienes vocabulario, no tienes concepto, y si no tienes concepto, no puedes razonar”.

Para Eduardo Trucco, el trabajo que realizamos en nuestra Fundación resulta fundamental. “Pasa mucho que desde el área de Recursos Humanos, se ve al trabajador simplemente como el agente productivo, el que mueve las tuercas, y eso no es así. Entonces hay mucho descontento porque falta fluidez, falta integración, falta comunicación, mucho discurso, mucha palabrería y se hace poco. Es allí cuando entidades como la Fundación son aún más importantes y evidentemente requieren más tamaño y visibilidad. Pero la trama interna es compleja, porque si te capacito, te tengo que aumentar el sueldo y eso deriva en menos utilidad. Hay muchas partes de hecho, donde han contratado miles de haitianos para no hacerles contrato y pagarles menos del mínimo. Tristemente el abuso está detrás de todo”.

Si bien este abogado, penquista y ávido lector, es bastante crítico respecto a la solidaridad en nuestro país, no cree que todo este perdido y pone su fe en las nuevas generaciones. “Ahora entre la gente joven hay un concepto distinto. Son más ambientalistas, son más de meterse en trabajos voluntarios y de a poco se va abriendo. Creo que ahí hay esperanza”.

Como Fundación, también tenemos esperanza en que día a día existan más personas no sólo con la capacidad de entender y criticar las injusticias de nuestra sociedad, si no que como Eduardo, que decidan hacer algo al respecto. En este mes de la solidaridad, los invitamos a tomar consciencia y empezar a actuar.