Hoy no sólo las mujeres lucen en las calles estilosos peinados y cortes de pelo. Día a día vemos cómo la originalidad se toma también las cabezas de los hombres y allí es donde Samuel Gálvez ha encontrado su negocio. Este hombre de 33 años, padre de tres hijas y que por las mañanas trabaja en una bomba de bencina; durante las tardes da cuerda suelta a la creatividad cortando el cabello de quienes confían en sus manos.

La idea de dedicarse a la peluquería nació frente a las ganas de tener un ingreso extra diario para su hogar, trabajando de manera independiente. En la Municipalidad entonces, lo asesoraron para postular al programa Fosis. Samuel logró adjudicarse el máximo monto del proyecto debido a una razón: su motivación por aprender. “Recuerdo que el monto máximo eran 270 mil pesos, pero me dieron 400 mil porque yo con las lucas quería estudiar. Dije ¿cómo voy a comprar herramientas si no se ni siquiera cortar bien el pelo? Hay gente que pide un horno y no sabe ni hacer pan amasado, o después los venden. Yo dije siempre que quería destinar esa plata al estudio y entonces me pagaron un curso”.

En el curso de peluquería, Samuel puso todo su esfuerzo para crecer. “Agarré práctica por las mías, porque yo desde un principio dije que el que quiere aprender algo bien, se las rebusca. Por ejemplo, tuve compañeras que terminaron el curso con un puro corte de pelo en el año. Yo al mes ya llevaba 25, pero porque yo me los busqué. Fui a alcohólicos anónimos a cortar gratis, empecé a cortarle a los chiquillos en la bomba, y así empecé a ganar experiencia. Primero les cortaba por deporte, por aprender, ahora les cobro y me pagan porque saben que corto bien. Y cuando ya me sentí capacitado, empecé aquí en el patio de delante de mi casa”

Así fue como llegó a nuestra Fundación, donde aprendió sobre cómo hacer crecer su negocio basándose en el modelo Canvas y a gestionar y llevar las cuentas de su empresa. Decidió entonces dar el gran salto y arrendar un local. La decisión fue buena en principio. “Acá en mi casa yo estuve un año cortando pelo sin letrero, y meses tras meses recopilando clientes nuevos, logré formar una cartera de aproximadamente 60 clientes. Pero cuando me fui al local, en un puro mes me hice 60 contactos nuevos”.

No obstante, las vueltas de la vida lo llevaron a abandonar el local por problemas con el arrendador y a probar suerte en otra buena esquina. Lamentablemente, la persona con quien se asoció no resultó ser lo suficientemente responsable, y Samuel se vio frente a un arriendo que no podría cubrir. No con poco dolor, a las 3 semanas de instalado allí, tomó la sabia decisión de no endeudarse con aquello que no tenía y volver a trabajar al patio delantero de su hogar.

“En la cabeza tuve algo como que me iba a agarrar una depresión, pero dije no me la puede ganar. Soy bien cristiano y le pedí a Dios que me enfocara y él me hizo ver y poner las cosas en la balanza, “tengo la clientela, las herramientas, los letreros y el espacio físico en mi casa, para qué me voy a amargar”.

Evidentemente levantarse después de la caída no es fácil. El camino de emprendimiento, especialmente al comienzo, es como una montaña rusa, las subidas y bajadas son muchas y empinadas, y es importante encontrar la fortaleza para mantenerse en pie y reinventarse.

“Está bien, a uno le enseñan que tiene que tener una buena esquina, una buena publicidad, pero si las cosas fallan y  tu clientela es fiel y sabe la pega que haces, te va a seguir igual aunque no estés en esa buena esquina, aunque estés encerrado en el fondo de la población, acá te van a seguir. Así que aquí estamos dándole otra vez”.

De todos modos, volver a trabajar a su hogar mientras adquiere la solidez necesaria para volver a lanzarse tiene una enorme gratificación para Samuel, el tiempo de familia. “El trabajar acá aparte me permite pasar más tiempo con mis hijas y eso me gusta. En el local a veces llevaba a la más chica que jugaba en la plaza, pero igual sentía que estaba perdiendo tiempo con mi familia.

Afortunadamente no sólo las mujeres optan por el trabajo independiente para poder compatibilizarlo con el cuidado de los hijos, en el caso de Samuel, esa razón ponderó al momento de decidir optar por el trabajo independiente como fuente extra de ingresos para el hogar. “Yo sé que las lucas están en el sector alto, y pensé ir a trabajar allá, pero ahí había que invertir mucho tiempo en viajes. Entonces decidí darle prioridad al tiempo con la familia”.

La familia de Samuel se compone de su esposa y sus 3 hijas y él se define como un padre responsable. “Estoy acostumbrado a las mujeres, a la más grande de hecho la crié desde los 8 hasta los 18 que se fue. Para mí, ser papá, es ser alguien responsable. Mis días empiezan a las 5 y media de la mañana ya a las 12, 1 me estoy acostando.  Trabajo en la bomba hasta las 2, llego acá, almuerzo y empiezo a recibir clientes. Y trato de estar con ellas lo más posible. Si ellas quieren estar hasta la una, yo me quedo con ellas hasta la una”

Samuel está partiendo de nuevo en su hogar, pero no parte de cero ya que sus clientes lo siguieron hasta allí.  Esa fidelidad requiere trabajo y Samuel lo sabe, por eso invierte mucha dedicación en dejar contentos a quienes le confían sus cabezas y barbas.

“Ahora me llaman y se vienen a atender acá porque ellos van donde tengas la buena conversa, el buen corte de pelo, donde te atiendan bien. Una vez una peluquera me dijo que no puedes demorarte más de 15 minutos en un corte, porque mientras más rápido más ganas. Pero los cortes masculinos de ahora necesitan detallismo porque van de la medida más chica a la más larga, y rematados con tijeras. Mucha gente de hecho me dice que no le gusta como cortan en otros lados porque es muy rápido y les queda mal. Yo soy detallista y prefiero demorarme 50 minutos pero que queden contentos”.

Y en los tiempos actuales, el detalle en los cortes de hombre es fundamental. Las tendencias cambian y si bien antes lo que se pedía al peluquero hombre era el corte escolar o de carabinero, hoy puede ser el loco peinado del futbolista o cantante de moda.  “Ahora vienen tantas modas. Sales con un peinado y te preguntan dónde te lo hiciste. Yo he visto como se miran entre hombres el corte de pelo. Cortar el pelo a hombres hoy, es un arte.

Como buen artista, Samuel no sólo reinventa el look de sus clientes, también ha sabido reinventarse él mismo. Subir, caer y volver a subir. Con su paciencia y dedicación entrega no solo un corte o peinado, si no que autoestima y seguridad a los clientes. Y nada lo detendrá en este camino que escogió y por el cual ha estudiado y trabajado tanto. “Yo no voy a rendirme porque en estos tres años, de no saber tomar una tijera llegué a esto. Y avanzo porque sé que hay hartos ojos puestos encima de mí.  Ustedes mismos en la Fundación, las personas con las que partí, los compañeros y compañeras que conocí en estos proyectos. Avanzo por mis clientes y sobre todo por mi familia”.

Efectivamente tenemos los ojos puestos en Samuel, y hoy quisimos contar su historia, porque la historia de emprendimiento no siempre está plagada de sólo éxitos. También tendrán muchos fracasos y lo importante está en que, como este artista, puedan levantarse y seguir perseverando firmes en el camino que eligieron. En este caso, el camino que ha permitido realizarse como peluquero y priorizar el tiempo con su familia, el del trabajo por cuenta propia y microempleo. En nuestra Fundación estamos por apoyarlos en esta elección y ayudarlos a consolidarse para que a lo largo del tiempo, sean más los avances que las caídas.

 

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