Los «Nini» son jóvenes que ni trabajan, ni estudian. No es por moda, y en la gran mayoría de los casos tampoco es por comodidad, al contrario, es una dura realidad para muchos en nuestro país.

Según datos publicados por Actitud Lab, el 18% de los jóvenes entre 15 y 29 años (545.654), no trabaja ni estudia, de los cuales el 80% pertenece al sector más vulnerable de la población. Son medio millón de personas a quienes las puertas se les han ido cerrando poco a poco y que hoy se plantean con pocas expectativas de crecimiento.

El fenómeno en Chile, que ocupa el sexto lugar entre los países de la OCDE con más “Nini”, tiene que ver con la altísima deserción escolar. Durante el año 2017 de hecho, fueron 47.000 los jóvenes que desertaron. Este grupo de jóvenes, en algún momento serán adultos que a lo largo de su vida se verán enfrentados a una situación de trabajo irregular, bajos salarios y bajas pensiones. Es más, hay altas posibilidades de que un joven hijo de nini repita la misma trayectoria de su padre o madre.

Este fenómeno exacerba la desigualdad y obstruye las posibilidades de salir de la pobreza en el largo plazo, constituyendo un factor de vulnerabilidad para las familias. La precariedad en el trabajo se terminará transformando en una constante difícil de sostener, generándose así un gran riesgo social.

Las posibilidades son aún más complejas si se considera que cerca del 64% de estos nini son mujeres, las cuales en su mayoría se restaron del sistema debido al embarazo adolescente o al cuidado de algún familiar.

En Trabajo para un Hermano nos sentimos tocados por las cifras, considerando sobre todo que la gran mayoría de nuestras participantes son mujeres jefas de hogar. Para muchas de ellas, el trabajo por cuenta propia y el microemprendimiento, representaron una forma de no caer en el estado de inercia.

Hoy tenemos una gran posibilidad de hacer un cambio, las esperanzas no están ni remotamente perdidas para este grupo de jóvenes que aún tienen larga vida por delante. La pregunta es ¿Qué vamos a hacer al respecto para no dejarlos al margen?

Es cierto que hay un primer factor psicológico ligado a generar en ellos las ganas de abandonar el estado de inercia. Faltan políticas públicas orientadas en esa dirección, pero desde la Sociedad Civil también tenemos una gran responsabilidad para con estos jóvenes. Al menos desde nuestra área de acción, podemos fácilmente divisar que muchos de estos “Nini” no tuvieron nunca la oportunidad de acceso a una orientación o capacitación, y creemos firmemente que ayudarlos en este sentido es entregarles las herramientas y la confianza para que puedan salir adelante por ellos mismos. Esto sería de enorme utilidad, no sólo para ellos, si no que para el crecimiento de nuestro país como conjunto.

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