Cecilia González es pastelera de toda una vida. Trabajó casi siempre apatronada para una gran cadena de supermercados y uno de sus últimos trabajos como dependiente fue para una pastelería instalada en un enorme local ubicado en la comuna de Quilicura. Cecilia soñaba con que algún día tendría un local parecido y como los sueños a veces sí se vuelven realidad, está hoy trabajando en ese mismo lugar, pero como su flamante dueña, pastelería que ahora se llama Valemi.

“Yo soñaba con esto hace tiempo. Después de que tuve a mi hija que tiene 12 años ahora, y después de la licencia, tuve que volver a trabajar al supermercado y ahí dije, tengo que tener un lugar propio donde trabajar”.

12 años pasaron para que su objetivo se viese concretado. Para lograrlo, primero tuvo que dar un gran salto al vacío: comenzar a trabajar de manera independiente. Como la gran mayoría de las trabajadoras por cuenta propia, tras abandonar su último trabajo, Cecilia comenzó a vender en su casa. Durante ese periodo postuló a un programa ejecutado por nuestra Fundación, en el 2017 y durante la espera para ver si resultaba favorecida o no, apareció su gran oportunidad.

“Este lugar yo lo conocía, trabajé aquí de pastelera. Cuando supe que había cerrado y que lo iban a arrendar, me ilusioné mucho, pero sabía que iba a ser muy caro. Hablé con mi hijo y mi familia y él me dijo dale mamá, la plata para los primeros meses la conseguimos nosotros. Y lo logré. Llevo aquí 4 meses trabajando todos los días, no he descansado ninguno pero ha sido muy lindo”.

Casi al mismo tiempo, comenzó con el programa de capacitación en nuestra Fundación. Allí adquirió conocimientos y herramientas que le resultaron de enorme utilidad para poder administrar y gestionar el negocio que estaba emprendiendo. “Más que el dinero, valoro el aprendizaje. Yo estaba trabajando en mi casa, sacando costos básicos. Lo hacía como yo pensaba. Pero aprender a sacar costos para saber el precio de venta en el que uno esté realmente ganando y el manejo de la parte administrativa me sirvió mucho. Y no sólo eso, siempre estuvieron apoyándome, dándome ideas, asesorías. Fue como si algo me iluminara, vino el proyecto de la Fundación y el local simultáneamente y pienso que por algo fue.  Porque o si no hubiese estado totalmente perdida”.

Y efectivamente el camino de Cecilia este último tiempo ha estado lleno de luz. Los clientes aumentan día a día, su reputación crece y su local va viento en popa. Ciertamente esto va precedido por el gran trabajo que realiza ella, al poner el máximo esmero y detalle en sus preparaciones.

“Mediante mi trabajo, voy a estar presente los eventos más importantes de cada familia, por eso lo hago con cariño, para que se logre bien y la gente quede feliz. Sé que soy el elemento más importante del cumpleaños de un niño, la torta Soy la alegría para los novios o para los padres en un bautizo. Al ver la cara feliz, especialmente de los niños, con su torta de superhéroes, yo soy feliz”

En ese sentido, le ha tocado vivir intensos momentos en su trabajo, ya que entregar la alegría de ese momento especial es una enorme responsabilidad.  “Recuerdo que hace 3 años atrás para una Semana Santa, mi única hermana estaba con el marido muy enfermo. Teníamos varias tortas que entregar ese día y nos avisan que falleció mi cuñado, pero no nos podíamos ir porque teníamos que terminar la entrega. Esas fueron tortas muy tristes porque llorábamos mientras las terminábamos, pero teníamos que cumplir con esas familias que confiaban en nosotros. Las terminamos y nos fuimos al velorio”. En la otra vereda, cuenta la anécdota de cómo su trabajo, salvó un matrimonio.  “El mejor recuerdo que tengo, fue una torta de novios que hice. Ellos se habían disgustado, estaban peleados y el matrimonio estuvo a punto de suspenderse. Pero cuando fueron a ver la torta la encontraron tan linda que se reconciliaron y se casaron de verdad”.

Pero no es sólo el cariño que pone Cecilia en sus creaciones lo que atrae a los clientes. Es el profesionalismo y conocimiento en la materia, tras tantos años de trabajar como pastelera.

“Yo creo que la gente nota el conocimiento. Cuando uno va a la pastelería a pedir algo, la gente que te atiende no sabe de pastelería. El conocimiento a la gente le gusta, porque puede asesorar. Que atienda una persona que sepa perfectamente de lo que está hablando juega a favor

Pero lograr la clientela que tiene hoy no ha sido fácil. “Noté que el primer mes tuve muchos errores, era mucho caos, pero a medida que pasa el tiempo hemos ido organizando todo tan bien que ahora ya todo se hace más fácil. Hemos hecho un buen equipo. Al principio fue caótico pero ya no. Ahora tengo control de los proveedores. Primero no sabía dónde comprar, nada pero ahora esa parte ya la tengo resuelta, ahora sólo agarro el teléfono y me lo traen”.

Cecilia habla en plural ya que no trabaja sola. Una de las grandes alegrías que le entregó este gran salto fue la posibilidad de contar con un equipo de trabajo “Tengo dos personas que trabajan conmigo y eso me gusta mucho, el poder ser fuente laboral para otras personas. Aquí nos complementamos y nos preocupamos de que todo sea de buena calidad y rico

Hoy trabaja junto a estas dos personas, pero antes también tuvo una gran compañera. El nombre Valemi de hecho, nace de esa asociación. “Cuando empecé a trabajar en mi casa, mi hija mayor estaba en la universidad y me ayudaba con los pedidos. Ella tiene su hija que se llama Emilia y mi otra hija se llama Valentina. Y por nuestras hijas le pusimos Valemi. Ella ahora ya se recibió, es trabajadora social, pero los días sábado, aún me viene a ayudar a atender”.

Valemi también es su torta estrella. Tiene un biscocho especial de chocolate que es muy húmedo y va con manjar y almendras. A la vista al menos, es maravillosa, demostrando la preocupación que pone Cecilia en la presentación de sus productos. Aunque es enfática al asegurar que “Mis tortas se caracterizan por la calidad y porque nos preocupamos de que no sólo sean bonitas, si no, que también sean ricas”

 

Cecilia es un ejemplo de que los sueños pueden cumplirse y de que el esfuerzo, trabajo y cariño por lo que uno hace, pueden ayudar a mantenerlos vivos y acrecentarlos. En Fundación Trabajo para un Hermano, nos preocupamos por aportar con nuestro conocimiento, profesionalismo y visión a su aprendizaje, para que efectivamente logren alcanzar todas esas metas, por más lejanas que parezcan.

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