Hace algún tiempo nuestra Fundación sueña que como sociedad dejemos atrás el individualismo y avancemos hacia una forma de desarrollo económico en la cual lo colectivo tenga relevancia. Este año, tras una excelente experiencia desarrollando un programa de emprendimiento grupal durante el 2017, quisimos apostar por la asociatividad como modelo de crecimiento.  El Proyecto “Emprendiendo e Innovando en nuestro Territorio” se trata justamente de eso, de avanzar en pos del crecimiento conjunto y fomentar la sinergia y trabajo en equipo entre los trabajadores por cuenta propia y artesanos. Para ello, se pretende fortalecer asociaciones microempresariales ya sea en el modelo cooperativo o en el modelo de asociación gremial.

Los tres Centros de Emprendimiento y Desarrollo participan del proyecto. San Alberto Hurtado está trabajando con 4 equipos, entre los que se encuentran artesanas, orfebres y Manos de Mujer, un grupo compuesto por mujeres de distintos rubros que esperan poder poner en común sus conocimientos para avanzar juntas. Padre Esteban Gumucio por su parte, trabaja junto a dos grupos de mujeres, que desarrollan un emprendimiento de reciclaje con Denim. En el caso del Centro de Emprendimiento y Desarrollo Barrancas, se está trabajando con un grupo integrado por personas de distintos rubros con un objetivo común: encontrar nuevos puntos de comercialización.

 

Como bien señala Gladys Cahuana, talabartera y orfebre de Pudahuel, “lograr que nos reunamos personas de distintos rubros, pero con los mimos problemas y dificultades para vender nuestros productos, es un gran primer paso. El trabajo grupal es muy importante ya que solos es muy poco lo que logramos con trabajo de hormiga, pero en conjunto, entiendo que podemos llegar a otros mercados. Podríamos llegar a 10 mercados en lugar de 2 o 3 como es ahora por ejemplo”.

Efectivamente la idea es poder acceder a mercados a los que de momento, en solitario, se ven privados de entrar. Danae Barrera, directora del Centro, nos cuenta: “Aquí tenemos súper cerca Enea o el Aeropuerto por ejemplo y la verdad es que los productos de estos artesanos son de muy alta calidad que en sus poblaciones o Ferias Artesanales no les pagan lo que realmente valen. Esperamos que entrando al Aeropuerto o barrios industriales puedan vender con mayor facilidad sus productos, a un precio justo”. En la Fundación somos optimistas respecto a estos resultados ya que como bien explica Danae “Se ha ido diagnosticando y vivenciando que cuando los productores o microempresarios se unen, logran mayores objetivos que cada uno por sí solo. Acá en el territorio norponiente especialmente, Pudahuel, Cerro Navia, las juntas de vecinos tienen harta fuerza y son súper bien escuchadas en los municipios. Entonces ese mismo modelo de asociatividad que es de barrio, por qué no llevarlo también a los microempresarios”.

Por ello los tres Centros de Emprendimiento y Desarrollo de Fundación Trabajo para un Hermano, están concentrados en potenciar a sus grupos. En Padre Esteban Gumucio, la idea de la asociación y cooperativismo llegó de la mano de otra noble idea fuerza, la sustentabilidad. Allí, dos grupos de mujeres, se enfrascaron en el desarrollo de un emprendimiento grupal ecológico, mediante el reciclaje de jeans: uno de los grupos fabrica con ellos accesorios, mientras que el otro una línea de hogar y decoración.

Al respecto, Johana Contreras, participante del proyecto línea hogar y quien lleva 5 años trabajando en solitario en la confección, nos explica sus razones para hacerse parte de esta iniciativa grupal “Me interesó primero por el tema del reciclado, al descubrir cuántas prendas se pierden y todo lo que pasa con ellas. La idea es ir tomando lo que la gente bota y hacer cosas nuevas con eso. Pero en segunda instancia, me gusta porque somos un grupo de mujeres diferentes y todas tenemos algo que aportar. Hay cosas por ejemplo que algunas no sabemos, otras sí y uno va aprendiendo y enseñando, así nos ayudamos entre todas. De hecho salen muchas ideas nuevas que a mí no se me hubiesen ocurrido, así que trabajando juntas podremos lograr muchas cosas y serán más las puertas que se abran. Además nos sirve para no sentirnos solas en lo que estamos haciendo, para sentirnos seguras”.

Pero trabajar en grupo, si bien tiene muchas ventajas, también tiene ciertas dificultades, como es por ejemplo, la falta de confianza. Manuel Jiménez, zapatero, participante el grupo de Barrancas, lo confirma. “La desconfianza que hay de persona en persona es la traba más grande. De por sí el ser humano es desconfiado. Las otras barreras son más pequeñas al lado de esa. Danae Barrera es enfática al respecto “La desconfianza es la traba primordial porque para poder trabajar asociativamente tienes que sí o sí confiar en el otro. En que el otro de verdad va a trabajar, que de verdad va a cumplir, que de verdad va a ser responsable. Uno ve que en sus empresas individuales, la gran mayoría no tiene trabajadores porque no confían en que el que trabaje con ellos va a hacer el trabajo tan bien como ellos mismos”.

Y no sólo la falta de confianza es un obstáculo. También lo es el poder unir personalidades distintas sin generar conflictos. Para Sandra Guzmán, participante del proyecto de Accesorios “la dificultad más grande está en conocerse ya que por los distintos tipos de caracteres se pueden producir roces. Para eso, lo principal es conocerse bien y en ese sentido, el taller de desarrollo de habilidades blandas que nos están haciendo, nos ha servido mucho”.

Efectivamente el proyecto contempla varios niveles: El primero es un taller que incluye comunicación, liderazgo, trabajo en equipo y capacidades emprendedoras; después viene el taller de formalización y luego uno de comercialización.

El taller de comunicación es lo primero ya que entenderse es lo primordial y podría ayudar a superar las trabas. Tania Melo, Directora del Centro de Emprendimiento y Desarrollo Padre Esteban Gumucio, así lo piensa “Siento que el taller de habilidades blandas es indispensable para formar grupos. Y parece que les llegó al corazón el tema de comunicarse, porque han limado sus asperezas y se comunican ahora de manera mucho más cariñosa entre ellas. Han cambiado tonos de voz, están atentas a la comunicación. Y eso fue rápido, el cambio fue inmediato, sorprendente”.

Sobre el camino que se está tomando hacia el desarrollo colectivo, Tania aclara que hay que hacerlo desde la mirada del respeto. “Si nosotros vamos a tomar este camino, tiene que ser desde la más profunda democracia y respeto por las personas. Sólo podemos organizar a la gente que se quiere organizar. Porque siento que la mirada colonizadora mata a la gente y hace que las cosas no perduren. Una de las particularidades que tiene este grupo, las 19 poderosas como les digo yo porque están muy embaladas, es que quieren organizarse”.

Y bien dicen que querer es poder. Sandra Guzmán agrega de hecho que “tenemos un proyecto bien ambicioso. Salir del país, hacernos notar y que la gente nos conozca que nosotros hacemos tal cosa. Especializarnos en una cosa específica y que no la encuentren en ninguna otra parte”.

Para lograrlo, como las hormigas, estos grupos deben trabajar unidos. Están conscientes de que la historia ha demostrado que lo colectivo puede lograr cambios más importantes que el trabajo individual. Saben que un microempresario en Chile, tiene el camino mucho más empinado que los grandes empresarios y la forma de sortearlo, es uniéndose. Nosotros en Fundación Trabajo para un Hermano, también estamos consciente de la potencia que se adquiere en grupo, por ello, seguiremos apostando por tejer redes y crecer en comunidad.

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