El 8 de marzo, Josefina Errázuriz, fundadora de Trabajo para un Hermano, fue premiada por Comunidad Mujer por su trayectoria de servicio. La historia de Trabajo para un Hermano y la de Josefina van fuertemente ligadas y, son en cierto modo, indisolubles. Esa historia de unión, de compromiso, de fuerza femenina, es la historia que queremos contarles…

Corría el año 1969 y a los pies de los cerros que rodean Huechuraba, tras la ocupación de varios terrenos, se fundaba la población que hoy es El Barrero. Josefina Errázuriz, proveniente de una familia acomodada, había vivido la mayor parte de su vida en la comuna por lo que el cariño que sentía por la misma era innegable.

Varios años después, en 1975, la cesantía y la pobreza hacían efecto en Chile, Josefina notó que algunos niños de los jardines infantiles del Barrero, se desmayaban debido a su mala alimentación y sintió la urgente necesidad de hacer algo. Juntó a su Comunidad de Vida Cristiana, CVX, y hablaron con el Vicario de la Zona Norte, quien les donó una mediagua.

“Los sitios en ese entonces todavía no estaban bien delimitados, esto era una toma. Entonces, en un sitio que no estaba tomado por nadie, pusimos la mediagua y establecimos un comedor infantil. Las mujeres de la población empezaron a conseguirse verduras e ir a todas partes y nosotros les regalamos una cocina. La gente de aquí se las rebuscaba mucho, fue muy lindo. Entonces pensamos que en vez de seguir ayudando a comer era mejor enseñarle a esas mujeres a trabajar”, recuerda Josefina.

Las mujeres de la población aprendieron a bordar, tejer, coser, hacer alfombras y de este modo, al venderlas, podían generar un ingreso extra para sus hogares. Además el trabajo las hacía sentirse más dignas, más empoderadas. Los hombres aprendieron a hacer cosas de mimbre y realizaban bolsas de papel para UNICOOP. Fue así como la población se levantó… hasta 1982.

En 1982, Chile sufrió la mayor crisis económica de su historia, y la cesantía se disparó por sobre el 30%.

“Escuché que se estaba quedando cesante la gente de las poblaciones y eso me afectó mucho porque recordé lo sucedido el año ´75. Traía la experiencia de que esta población se había levantado, porque le enseñamos a las mujeres a trabajar. Pero no podíamos hacer algo así nuevamente, porque la cesantía era tan grande que nadie compraba nada. Preguntamos en las poblaciones qué necesitaban. Y todos necesitaban trabajo”.

Josefina fue a hablar con su comunidad para buscar juntos alguna solución. Pensaron entonces en pagar a las personas para realizar diversos trabajos, pero no tenían el dinero para hacerlo. Decidieron invitar a otras comunidades de laicos cristianos, para poder encontrar entre todos una solución. Lograron reclutar a 12 comunidades. “Nos sentimos empoderados.  Si Jesús tenía 12 apóstoles y nosotros éramos 12 comunidades, quería decir que la cosa estaba bien”.

Así comenzó el movimiento. “Fui a hablar con muchas personas, muchos obispos y nadie entendía, decían ´esta señora está loca´. Más aún, por ser mujer, costó mucho que me escucharan. Pero afortunadamente siempre he sido una mujer bien catete”. Gracias a su insistencia, Bernardino Piñera, presidente de la Conferencia Episcopal por aquellos años, sin tomar mucho en cuenta su propuesta, la envió a hablar con el Cardenal Silva Henríquez, quien estaba a cargo de Santiago.

<<Tenía un miedo terrible de hablar con él. Era una persona que inspiraba cierto temor. Tras presentar nuestra idea el Cardenal pregunta “¿tiene plata para hacer eso? ¿Tiene oficina?  ¿Tiene cuenta corriente?” Y no… no teníamos nada. Pero él decidió confiar en el proyecto y ayudarnos. Nos prestó la oficina y nos abrió una cuenta corriente, aunque sin un solo peso>>

Fue así como dieron el puntapié inicial a lo que sería en el futuro, Trabajo para un Hermano.

“Se empezó a correr la voz y empezó a llegar mucha gente buscando oportunidades de trabajo. Confeccionamos unos talonarios para que la gente donara una hora de trabajo, un día, una semana o un mes y difundieron la idea de no comer postre para donar eso dinero para trabajo. De allí nace el lema No basta con dar pan, hay que dar trabajo”. Pero ¿qué tipo de trabajo?

“Nos fuimos a las poblaciones a ver qué necesitaban. Hablamos con los sacerdotes y claro, había algunos que hacían la misa en la plaza porque no tenían capilla, necesitaban lugares para cuidar a los niños mientras los papás salían a buscar trabajo, había que tener lugares para los enfermos, salas de clases y muchas otras cosas… Y de repente empezó a llegar la plata de la forma más increíble. Hasta a la casa me iban a dejar cheques. Los viernes había que pagar a los trabajadores las distintas obras y gracias a Dios, nunca dejamos de pagar un viernes. Era realmente impresionante. Se sumó mucha gente de las universidades, los niños de los colegios católicos salían a vender talonarios. Dos o 3 empresas constructoras muy ricas, pusieron a disposición a arquitectos e ingenieros para ayudar a los obreros a construir y todo empezó a funcionar. Al final del año habíamos construido como 600 pequeñas cosas en las poblaciones más abandonadas. Esto venía del cielo de todas maneras”.

Al finalizar el año, Josefina volvió donde el Cardenal para informarle el fin del proyecto y los positivos resultados que habían tenido, y el Cardenal, mediante una inédita respuesta, le encarga a esta mujer persistente y comprometida, una de sus más grandes misiones.

<<El Cardenal Silva Henríquez me pregunta entonces “¿se acabó la cesantía en Chile señora? _ No, no se acabó_ Y la campaña ¿ya no llega plata?_ Sí, si llega_ ¿Y ya no hay trabajo que hacer en las poblaciones?_ Sí, si hay_ Entonces ¿por qué va a terminar? Esto tiene que seguir” Yo quedé Plop>>

Siguió la campaña por 3 a 4 años, hasta que el cardenal Fresno, sucesor de monseñor Silva, sugirió a Josefina constituirse en una Fundación de la Iglesia Católica. Así nació Trabajo para un Hermano.

“Habían desaparecido muchas industrias, de zapatos, de género y a esa gente no la iba a contratar nadie, entonces había que ayudar a que esas personas pudieran armar sus negocios. Y así partimos haciendo lo que hacemos hoy en día”, cuenta Josefina.

Sin duda, nuestra sociedad cambia, y con ella ha ido cambiando el rol de la Fundación y el perfil de los participantes. En un comienzo eran más hombres, hoy, el 93% de participantes, son microempresarias mujeres.

“Las mujeres se fueron empoderando, porque hay muchas mujeres que se tienen que hacer cargo solas de sus familias. Hay mucha necesidad y estos cursos las ayudan a salir adelante. Se les está dando una capacitación laboral, un creer en su importancia como mujeres en este mundo, que no sientan que les están dando limosna, si no que ellas sepan que están trabajando, ganándose la vida y dando algo al mundo con su trabajo.  Y es impresionante cómo cambian ellas en el grupo, cómo se empoderan. Por eso yo creo tanto en las comunidades, porque nadie crece solo”.

Para Josefina la importancia de la comunidad, especialmente la comunidad cristiana, es vital para el funcionamiento de nuestra sociedad. Por eso es enfática al asegurar que “desde que el mundo es mundo hay una sola cosa que puede lograr la unidad y es sentirnos hijos, hijas del mismo Dios, hermanas, hermanos. Y que estamos hechos para estar con los demás y para que los demás crezcan, porque si los demás no crecen, yo no crezco tampoco”.

Ese es el espíritu de nuestra Fundación, el espíritu de trabajo en comunidad, el espíritu de crecer juntos como hermanos. Ese espíritu, es el que puso Josefina Errázuriz en la semilla que plantó 36 años atrás, y que hoy, se convirtió en un gran árbol, cuyas ramas y hojas somos todos quienes formamos parte de Trabajo para un Hermano: participantes, voluntarios, profesores, trabajadores y socios de la misma. Hoy, queremos homenajear y agradecer a esta maravillosa mujer, quien a sus 80 años, con 6 hijos, 18 nietos y un bisnieto, sigue siendo parte activa de la Fundación que ayudó a nacer y formar. Mujer que decidió romper los esquemas de su época, tomar las riendas y guiada por su fe y compromiso, construir una mejor sociedad.

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