Este 24 de marzo, se celebra el natalicio de Fernando Vives Solar SJ. Pero ¿quién fue este hombre en cuyo honor fue nombrado nuestro Centro de Emprendimiento y Desarrollo de la zona centro de Santiago?

En general, poco sabemos acerca del Padre Fernando Vives, un gran maestro cuya historia se ha mantenido en el relativo anonimato. No obstante, un maestro casi siempre deja huellas en sus alumnos, y la huella que dejó Fernando Vives, permitió a Chile contar con algunos de los personajes más relevantes para la historia del movimiento social en nuestro país.

Fernando Vives Solar nació en Santiago el 24 de marzo de 1871 e ingresó a la Compañía de Jesús en 1896. 12 años después, fue ordenado sacerdote en España. A su regreso al país en el año 1909, comenzó a hacer clases de historia en el colegio San Ignacio. Conocía la importancia y fuerza de la juventud, por lo que organizó a los estudiantes y jóvenes en círculos de estudio para difundir el pensamiento social de la Iglesia y conocer la realidad obrera.

Para el Padre Vives, la justicia social era un imperativo de cualquiera que afirmase ser cristiano.  Y ese fue el espíritu que intentó cultivar en sus alumnos. Tales ideas revolucionarias provocaron su exilio a Córdoba durante dos años, en los cuales Fernando Vives siguió trabajando por los obreros.

Al volver a Chile, retomó la enseñanza en el Colegio San Ignacio pero además propició la generación del Sindicato de Choferes de Santiago y el Sindicato de Repartidores de Leche, la semana social de Iquique y un secretariado social para atender a los trabajadores. En ese mismo período se produjo el encuentro con uno de sus más grandes discípulos: Alberto Hurtado SJ, en quien supo instaurar firmemente la idea de que no puede haber Caridad sin Justicia, y que la Iglesia debe velar para que las “necesarias relaciones sociales, origen de desenvolvimiento y expansión para unos, no se conviertan en fuente de destrucción y envilecimiento para otros”.

Todo ese movimiento social, le valió nuevamente un destierro. Esta vez, más largo y lejano que el anterior. Lo que en un comienzo duraría un año, terminó manteniendo al padre Vives, 14 años fuera de Chile.

El año 1931, volvió al país y al Colegio San Ignacio. Encabezó el Secretariado de Asistencia Social y Actividades Económico-Sociales de la recién fundada Acción Católica, fue Presidente del Consejo de la Universidad Popular Juan Enrique Concha (un establecimiento para ofrecer a los obreros y empleados una oportunidad para completar su educación y formación social), y organizó el Círculo Sacerdotal de Estudios Sociales. Los jóvenes nuevamente se reunieron en torno a él, inspirados por su figura, y creó entonces la Liga Social de Jóvenes, entre cuyos integrantes se encontraron algunos de los grandes actores de la vida política de Chile en el futuro como Eduardo Frei Montalva, Clotario Blest, Jorge Marshall, Mario Góngora o Jaime Eyzaguirre entre varios otros.

El Padre Vives era un convencido de la necesidad de que el cristiano condene la injusticia de la realidad social. “Un cristiano no puede vanagloriarse de tener en su corazón la caridad si desprecia la justicia, en cualquier forma que se presente” decía en el año 1935. Por ello su fuerte relación y protección a la clase trabajadora de Chile. Para él “las relaciones del capital con el trabajo, condiciones de éste con respecto a su duración, jornales, compromisos recíprocos, empleo de las mujeres y de los niños, son otras tantas cuestiones acerca de las cuales, además de las leyes económicas, entran en juego principios de orden moral sobre las que la Iglesia no puede desinteresarse: principios de justicia, de caridad, de donde depende, con la felicidad del individuo, la estabilidad de la paz social”

Fernando Vives fue siempre fiel a su postura, sin importarle que su férrea defensa a los obreros de Chile le costara en dos y casi tres oportunidades, el destierro. Ya en sus últimos años de vida, consciente de que muchos exigían nuevamente su salida de país, escribía a su Provincial “declaro solemnemente que no cambiaré ni en mis pensamientos ni en mis obras en este particular y que prefiero antes tomar por tercera vez el camino del destierro”

Afortunadamente, esto no fue necesario, el Padre Fernando Vives pudo terminar sus días en Chile, con la alegría enorme de la esperanza. Ya enfermo, comentó “Yo estoy viejo y cansado, ya no doy más, pero ayuden al que ha de venir”.  Sus oyentes se desconcertaron con la frase al que ha de venir.  Entonces, el anciano jesuita aclaró con una sonrisa: A Alberto Hurtado, de quien ya les he hablado, que tiene que volver a Chile el año próximo.

Pocas cosas hablan mejor de un maestro, que la virtud y cariño de sus discípulos, y Fernando Vives, sin duda fue uno de los maestros más importantes que tuvo este país.

Una anécdota de hecho, cuenta que el día que debía partir exiliado a Córdoba, sus alumnos, movidos por el cariño y respeto que le profesaban, se dirigieron a la Estación Mapocho y se pararon delante del tren para que este no partiera. No obstante, el Padre Fernando habiendo previsto la situación, había partido la noche antes. Frustrados, los muchachos volvieron al colegio y lanzaron ampolletas con pintura roja a los muros para expresar su frustración.

Una persona, capaz de inspirar tal pasión en sus alumnos, es sin duda merecedora del mayor de los homenajes y es por eso que en Trabajo para un Hermano, quisimos destacar su historia. Porque una historia como la del Padre Fernando Vives Solar SJ. no debiese pasar nunca al olvido.

 

Referencias:

Informe Ethos N°54, Fernando Vives SJ. precursor desconocido (2007)

Artículo Fernando Vives Solar SJ Trinidad Zaldívar, Centro Teológico Manuel Larraín

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