Autor, Padre José Arteaga S.J.

En el contexto del mes de la solidaridad es bueno recordar que Alberto Hurtado no restringió su acción social a la asistencia de los niños, ancianos y gente de la calle a través del Hogar de Cristo. La extendió al campo de la organización de los trabajadores a la luz de la enseñanza social de la Iglesia y lo hizo fundando la Acción Sindical y Económica Chilena (ASICH) y escribiendo sobre el tema.

Desde 1947 se concentró en la acción social, que lo había motivado a ser jesuita.  Ese año se entrevistó con Pio XII y le propuso orientar su acción social “a preparar dirigentes obreros, a fin de que ellos lleven el pensamiento de la Iglesia al seno de los sindicatos…” y recibió un sólido apoyo de la Secretaría de Estado y del Superior General de la Compañía de Jesús.

Los iniciadores de la ASICH fueron profesionales, universitarios y algunos empleados, y se planteó la urgencia de reclutar obreros y empleados auténticos y entregar a ellos la dirección de las respectivas secciones.  La dirección correspondió a los laicos, el Padre Hurtado cumplió el rol de capellán.

La ASICH pretendió  “despertar en los obreros cristianos la conciencia de sindicarse y agrupar a los cristianos ya sindicados, para que con plena formación luchen en el interior de los sindicatos por la implementación del orden social cristiano” No  intentó  formar sindicatos aparte sino actuar en el seno de los sindicatos organizados. Hurtado insistió simpre en que “la acción de la ASICH es totalmente ajena a toda política, y combate toda acción política en el seno de los sindicatos”.

Alberto Hurtado reconoció que la ASICH era su trabajo más duro, con muchos obstáculos y poca colaboración.  Pero al comenzar 1950 informaba a su superior de la presencia de sindicalistas cristianos formados al alero de la ASICH en las directivas de  sindicatos obreros y en las organizaciones de los empleados, realidad muy distinta a la de dos años antes. Pero la ASICH, a diferencia del Hogar de Cristo o de la Revista Mensaje, sobrevivió solo algunos años la muerte de su fundador en 1952: a fines de los años cincuenta, cuando ocurrían cambios politicos, eclesiales y sociales que marcarían la década siguiente, ya estaba prácticamente inactiva.

Testimonio de lo importante que para Alberto Hurtado era la organización de los trabajadores fue Sindicalismo, el último libro que publicó dos años antes de su muerte. En la introducción atisba que  “Un nuevo orden social está gestándose penosamente entre sacudimientos y conflictos” y afirma que se requiere  un “movimiento sindical fuerte, consciente, bien formado, disciplinado, dispuesto a jugarse entero […] Es un hecho demasiado comprobado por la historia que la ascensión obrera ha sido siempre obra de la propia clase obrera que ha alcanzado la madurez”. A ello consagró una parte importante de tiempo y  entusiasmo los últimos años de su vida queriendo hacer siempre lo que Cristo haría en su lugar.

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