Los alumnos del proyecto Emprendemos en el Sur Poniente,  finalizan esta semana sus clases teóricas. Son personas que cuentan con un emprendimiento funcionando, pero que no tenían las herramientas técnicas o financieras para levantarlo y hacerlo crecer. Durante los días que duraron las clases, aprendieron sobre gestión empresarial y elaboración de planes de negocios.

Hoy se hace más importante que nunca la capacitación para aquellas personas en situación de vulnerabilidad material que busquen emprender o emplearse por cuenta propia. Sobre todo cuando vemos que las últimas cifras de empleo en Chile arrojan que los trabajos independientes subieron un 6,6% en los últimos 12 meses. Actualmente en Chile un 21,3% de las personas ocupadas trabaja por cuenta propia, es decir 1 millón 751 mil 760 personas a nivel nacional. Esto dado que este tipo de empleo se han convertido en una alternativa de generación de ingresos para muchos asalariados que perdieron sus trabajos o para trabajadores que intentarían, a través del autoempleo, compensar las pérdidas de ingresos en sus hogares.

Llama la atención en el proyecto Emprendemos en el Sur Poniente, que entre las 80 personas participantes, sólo hay 3 hombres. Y es que las mujeres buscan emprender, no sólo ante el aumento de los hogares monoparentales, si no que porque de esta forma pueden compatibilizar el empleo con los cuidados en el hogar que lamentablemente sigue siendo mayoritariamente una tarea realizada por ellas. Para ellas el autoempleo ha sido trascendental. Y más allá de sacar a  la persona de una situación de desempleo, trabajar para uno mismo ayuda a desarrollar iniciativas propias, auto realizarse y obtener satisfacción personal por el trabajo bien hecho. De otro modo no se explica que más allá de la necesidad, tantas personas opten por el trabajo por cuenta propia que les deja menores retribuciones económicas pero gran felicidad.

Muchas veces como sociedad miramos en menos a quienes no buscan crear el negocio del siglo, o trabajar en una empresa como asalariados, si no que sólo buscan que su negocio propio sea rentable económicamente y les entregue ganancias que les permitan “parar la olla” o hacerse cargo de sus familias. Se acusa falta de ambición o flojera. Pero hay cientos de familias cuyo foco es ayudar a que su familia avance y no hacerse ricos.

Ana Miranda confecciona uniformes clínicos. Es viuda y tiene a dos hijos a cargo que son estudiantes. Su emprendimiento le ha servido para sacar a sus hijos adelante. Gabriela Moreno hace pan amasado, sopaipillas, empanaditas y pan de pascua en su casa. Junto a su marido viven de una pensión básica que no alcanza para todos los gastos, así que mediante este emprendimiento ayuda un poquito. Ambas han aprendido mucho para poder profesionalizar sus emprendimientos y hacerlos más rentables, especialmente sobre organización, orden y administración.

Así como Ana y Gabriela, las 80 personas beneficiadas del Programa Emprendemos en el surponiente, entran ahora a la etapa en que deben invertir el aporte monetario entregado por Fosis y poner en práctica lo aprendido en las clases con nuestra fundación. Programas de apoyo a los microemprendedores, como este, existen muchos, pero también es tiempo de que se trabaje en una política social nacional que apoye a los empleados por cuenta propia, quienes son hoy, gran parte de la fuerza laboral de Chile.

En Trabajo para un Hermano desde hace 35 años sabemos que el microemprendimiento es, en muchos casos,  la única alternativa que tienen las personas para mejorar sus vidas a través de su trabajo y entregar a las nuevas generaciones la oportunidad de tener un mejor futuro. Facilitar ese camino, es nuestro trabajo.

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