Muy temprano, en la Vega Central, nos unimos a nuestros amigos de la Fundación Padre Hurtado quienes dieron inicio al mes de la solidaridad. Durante la actividad se invitó a los trabajadores del lugar a disfrutar de un completo desayuno, en una larga mesa comunitaria.

«La vega es un santuario de humanidad, aquí no solo esta lo más sabroso ni lo pintoresco, aquí está lo digno de nuestro ser chileno, que no es un cliché, no es un patriotismo inventado para el 18 de septiembre. Aquí hay personas que todos los días se amanecen hasta las tantas de la noche y se levantan muy temprano. Hermanos en calle o inmigrantes  que buscan trabajo. Mujeres maravillosas madres de muchos hijos se amanecen por poder parar la olla. Ese es un trabajo digno y laborioso» Pablo Walker S.J. capellán del hogar de Cristo, destacaba así las virtudes de la Vega como centro de encuentro para dar el puntapié inicial a este mes.

 

Es cierto que en honor al trabajo del Padre Hurtado, agosto es conocido como el mes de la solidaridad, pero queremos hacer un llamado a que la solidaridad no sea sólo un hito, si no que una constante. Y que ante todo, persigamos la justicia. La caridad comienza donde termina la justicia. Y es esa justicia la que debiésemos buscar incesantemente. Porque ¿de qué sirve ser solidarios si no construimos un país justo para todas y todos? El Vicario de la Pastoral Social Caritas, Monseñor Jorge Concha, nos entregaba hoy su visión al respecto:

«La caridad es un mandamiento. Pero la caridad siempre queda al ámbito muy voluntarista. La justicia es lo que puede permitir que la caridad, que los grandes valores se establezcan y que perduren y que acompañen la vida y sean parte de la cultura de una sociedad. Es cierto que la cultura se sustenta de la caridad también, pero la justicia hace que eso perdure, que forme parte del entramado social, de las relaciones entre las personas. Por eso es que las pueblos y naciones necesitamos de la justicia. Que los buenos sentimientos y buenas intenciones decante en algo que a todos nos compromete, no sólo al ámbito del voluntarismo»

La Justicia social es aquel conjunto de condiciones sociales que permite que cada mujer y cada hombre viva su dignidad ejerza sus derechos y pueda desarrollar sus capacidades. Como establecía el capellán Pablo Walker, «es clarísimo que en Chile eso no existe.  Por lo tanto la justicia social debiese ser como un faro que ilumina las tomas de decisiones personales. Pensemos si lo que hago está creando las condiciones para que cada persona desarrolle sus capacidades, ejerza sus derechos y sirva a los demás. Eso significa tener una mirada distinta, no una sociedad de mercado en que trato a las personas como mercancía, si no que una sociedad de derecho y responsabilidad en la construcción de un bien común»

Los invitamos entonces a preguntarse si estamos contribuyendo o no a generar un Chile justo, ya que de poco servirán todos nuestros actos voluntariosos si no nos esforzamos por cambiar las condiciones de vida de millones de hermanos desde la base de la justicia. Podemos aprovechar este mes, para comenzar.

 

 

 

 

 

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