(carta a El Mostrador por campaña de Fundación Trabajo Para Un Hermano)

Señor Director:

Quién no recuerda esa frase dicha con orgullo: «perdón señorita, yo soy un trabajador». Era una afirmación que evocaba un rol en la sociedad, un sentido de pertenencia, una identidad.

Hoy sin embargo no es una frase fácil, el trabajo para muchos chilenos y chilenas no es siempre una fuente de satisfacción o de realización personal. Según los últimos resultados del estudio Workmonitor de Randstad, Chile hoy se ubica como uno de los países con mayor insatisfacción laboral en el mundo.

Esta situación nos obliga a generar una reflexión que permita resignificar el valor del trabajo en nuestra comunidad y preguntarnos, ¿es el trabajo en Chile fuente de dignidad personal y de bienestar para las familias?, ¿genera paz en la comunidad?, ¿qué debemos hacer para promover un buen trabajo, un trabajo decente para todas y todas?

Son múltiples las respuestas pero sin lugar a dudas ellas deben provenir de los actores del mundo del trabajo, del diálogo entre trabajadores y empleadores y las organizaciones que los representan. Si el fruto del trabajo es puesto en nuestras mesas pongamos también al trabajo en medio de ellas. Ese que muchas veces nos agobia, el que tememos perder, por el cual no somos justamente remunerados o simplemente para el que pasamos inadvertidos, invisibles.

Sabemos que es posible.

Nuestra invitación es descubrir lo que cada uno da con su trabajo y dejar atrás esa idea de que el trabajo es algo que te dan. Estamos convencidos de que en ese descubrimiento radica nuestra fuerza colectiva, en el protagonismo y compromiso de los trabajadores y trabajadoras. Para volver a decir con orgullo: «soy una trabajadora».

Patricia Roa,

Presidenta del Directorio
Fundación Trabajo para un Hermano

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