Llegó en agosto a Chile desde el otro lado del mundo. Viene de una cultura muy distinta, pero se ha maravillado no sólo con la geografía, sino y mucho más, con la calidad de su gente. Félix Weber es alemán y ha vivido sus 22 años en un pequeño pueblo en Baviera cerca de Múnich y a metros de la frontera con Austria. En su hogar vivía solo con su hermano. Su padre está instalado en Múnich.

En un castellano que está aprendiendo, relata este episodio de su vida como algo que realmente lo marcó: “Tuve que hacerme responsable de mi hermano y transformarme en dueño de casa desde pequeño. Trabajar y estudiar a la vez”. Se desempeñaba en ese entonces en una empresa de logística cuatro días a la semana y uno estudiaba, pero su carrera profesional la realizará ahora a su vuelta a Alemania. “Me gustaría estudiar algo relacionado con los números y la economía, ingeniería comercial yo creo”.

La constancia, paciencia y ganas de salir adelante como nos cuenta, las aprendió con el ejemplo de su abuelo paterno. “Después de la Segunda Guerra Mundial, nuestra familia no tenía nada y mi abuelo France trabajó muchísimo y sacó a la familia adelante. En gran parte por él estoy acá, siempre me ha motivado a hacer lo que quiera y trabajar el doble por mis metas”.

Y es que el sueño de Félix siempre fue viajar a Chile. Un anhelo heredado de su tío, el hermano de su padre, quien siempre le hablaba de la Patagonia. “Thomas quería conocerla y como yo soy curioso, me puse a investigar sobre ella desde los 15 años. En ese momento supe que tenía que vivir un tiempo en Chile porque también averigüé sobre el país. Este país muy largo, con paisajes distintos que tiene desierto, donde puedo esquiar y a algunos kilómetros al oeste puedo bañarme en el océano, en fin, me parecía un país fantástico”.

Pero Félix no quería venir solamente a pasear a Chile, él deseaba entregar su tiempo para hacer algo distinto. “Yo trabajé por tres años y luego de eso me propuse hacer algo por otras personas, para mejorar el mundo. Sé que soy un privilegiado, que puedo viajar a Chile y el gobierno de Alemania paga casi todo, pero yo quería hacer algo sin ganar, solo apoyar a otro”. Además tenía intención de aprender otra lengua y dar a conocer Alemania en otro país.

Es así que Felix que gracias al apoyo de American Field Service (AFS) a quienes contactó en Alemania y que tienen sucursal en en país, llegó a Trabajo para un Hermano y ya lleva 6 meses—la mitad del año que se quedará acá—junto a nosotros en la Fundación. Aparte de colaborar en el quehacer diario del Centro de Emprendimiento y Desarrollo Barrancas en Cerro Navia, imparte clases de alfabetización digital a los usuarios.

Nos cuenta que su primera impresión no fue la mejor. “No entendía esto de dar clases de computación, pero los compañeros del Centro fueron muy amables y me han ido incorporando de a poco. He ido aprendiendo y creciendo mucho. Acá siempre tengo alguien con quien hablar. Danae, mi jefa, me escucha tanto por temas laborales, como personales, me siento a gusto”.

Siente que lo que más le ha costado es el idioma. “El castellano y entender el habla chilena, las bromas, las metáforas, es lo que más me ha dificultado mi estadía acá, pero de a poco he ido perdiendo el miedo de hablar, creo que porque me tienen paciencia”.

A través de su experiencia de voluntariado ha podido conversar y conocer a nuestros usuarios, a quienes les tiene cariño y las admira mucho.

“Mis alumnos siempre quieren aprender más y más. No se quedan en lo malo que les pasa en la vida, se superan, crecen y salen adelante con mucho entusiasmo. En Europa tenemos una idea errónea de la microempresa en Chile, porque creemos que no es profesional y a mí me ha tocado ver muchas cosas buenas acá y me gustaría hablar sobre eso cuando vuelva”.

En este tiempo ha visto también algunas cosas que le duelen. “Creo que aún son muy racistas, aunque ese es un problema mundial. Ven de distinta forma a los europeos y estadounidenses que a los sudamericanos. Además es una cultura muy machista”.

En relación al mundo del trabajo sí logra ver algunas diferencias en comparación con la situación en su país. “El sueldo es más elevado en Alemania, a pesar de que los precios de vida son muy similares con los de Chile. Acá son más estrictos con las vacaciones, sólo tienen 15 días y en Alemania casi 22. Pero sí siento que los alemanes son más responsables con su trabajo, que no se dan tantas vueltas para trabajar y aprovechan mejor su tiempo”.

Está profundamente agradecido de haber elegido a Chile para hacer su voluntario, porque siente que los chilenos tenemos una forma de tratarnos distinta. “Son generosos, se ayudan unos a otros. En Alemania son más egoístas e individualistas”.

Por lo mismo siente que el valor de la unión familiar es lo que más ha aprendido, en gran parte por el gran cariño que su familia adoptiva en Chile le entrega. “Mi mamá, Marta, siempre está preocupada de dónde estoy y en qué. Lo que no conocía, porque mi madre no es así conmigo. Me siento querido y apoyado. Aquí aprendí que la familia es lo más importante y quiero llevar esto a Alemania para que con mi hermano, mi padre, su polola y mis abuelos estemos más juntos. Con mi madre es más difícil, pero quizás lo intente”.

“El voluntariado me ha ayudado a crecer como persona y mucho. Cuando me pregunten en casa qué aprendí, no creo que pueda responder al 100%, son muchas cosas. Creo que lo importante es que ahora veo las situaciones y a las personas en otro sentido. La experiencia acá me ha cambiado. Creo, siento y veo en forma distinta sólo porque he estado en Chile”. 

La Fundación confía en el poder del trabajo voluntario para cambiar vidas, no sólo de nuestros usuarios, sino también de las personas que lo realizan. Sin duda alguna, la experiencia de voluntariado potencia los talentos de las personas y los pone al servicio del otro para entregar, pero también aprender mucho. Acá tenemos los brazos abiertos para recibir a quien quiera entregar sus dones al servicio el Buen Trabajo. ¡Te esperamos!

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