La historia se remonta a 1897, época en que cada vez más mujeres se incorporaban a la producción. No obstante sus salarios eran menos de la mitad de lo que percibían los hombres por la misma tarea. Sumado a las extenuantes jornadas de más de 12 horas diarias, decidieron salir a las calles a exigir sus derechos. Era un 8 de marzo, y ese día de fines de invierno, la policía reprimió la marcha de manera tan brutal que 120 mujeres resultaron muertas.

Luego, el 25 de marzo en 1911 nuevamente en Nueva York ocurrió uno de los más trágicos y simbólicos hechos de la lucha por la igualdad. 123 mujeres y 23 hombres murieron calcinados en un incendio en la fábrica Triangle Shirtwais. Los dueños cerraron las puertas desde fuera para evitar robos, impidiendo que los trabajadores escaparan de las llamas.

Tras años de lucha, en 1975 la ONU declaró el 8 de marzo como Día Internacional por los Derechos de la Mujer.

Es cierto que mucho hemos avanzado desde ese entonces, pero también es cierto que es mucho lo que falta en materias de igualdad de género en lo laboral.

Desde el 2009 en Chile existe una ley que resguarda el derecho a la igualdad de remuneraciones. No obstante, 7 años después, siguen existiendo grandes brechas salariales entre hombres y mujeres:

-La brecha en la tasa de participación laboral entre hombres y mujeres lleva años sin bajar de los 20 puntos porcentuales (según datos del INE)

-Las mujeres perciben en promedio más de cien mil pesos menos que los hombres por ocupación principal (según encuesta CASEN 2015)

Es injusto. En las últimas décadas, las mujeres han avanzado enormemente en cuanto a logros educativos, más eso no se ha visto reflejado en una mejor posición en el trabajo.

Evidentemente, en gran parte la participación en la fuerza de trabajo es desigual entre hombres y mujeres debido a que las mujeres siguen siendo las principales encargadas de realizar el trabajo no remunerado de sus hogares (trabajo doméstico y de cuidado de personas), lo que provoca limitaciones a su incorporación efectiva al mercado laboral. Debemos velar por eliminar la discriminación categórica en cuanto a oportunidades, salarios y trato entre hombres y mujeres.  Pero también es importante avanzar en cuanto a la distribución equitativa de las tareas no remuneradas mediante nuevas medidas laborales y de protección social.

Y seamos honestos. Hacer el cambio depende de todos nosotros. Porque si siguen existiendo tantas diferencias hoy, también es en gran parte porque no hemos sido capaces de educar a una sociedad consciente, que no vea a la  mujer como el sexo débil. El problema está en quienes forman hombres y mujeres machistas. El problema es que hemos creado y validado una sociedad desigual.

La desigualdad de género es un problema de la sociedad entera, juntos mujeres y hombres debemos luchar por hacer el cambio.

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