En el Mes de la Solidaridad, recordamos en forma especial a nuestro santo el Padre Alberto Hurtado, sacerdote jesuita que dedicó su vida al servicio de los demás, inculcando la importancia de la caridad, de la alegría del amor y de la entrega a los más pobres de los pobres. Fue creador del Hogar de Cristo y su legado hizo brotar muchas vocaciones tanto sacerdotales como de laicos voluntarios.

Joselyn Silva tiene 26 años y nunca había pensado en realizar un voluntariado hasta que conoció la Fundación Trabajo para un Hermano.

Trabaja actualmente como cajera en un estacionamiento en el centro de Santiago en las mañanas, pero su pasión es el dibujo y todo lo que pueda hacer con las manos. Nos cuenta que es fanática de los lápices y los colecciona: “Los veo y los compro, tengo una caja llena”.

De profesión es técnico en turismo, pero sólo trabajó 4 años en eso, ya que, no le gustó. Hoy tiene un emprendimiento que ella misma nombró como “Pickme”, en el cual vende peluches hechos a mano y sus ilustraciones, además de diferentes cosas que se le ocurra hacer con las manos: “siempre ando inventando, soy muy creativa”.

La idea de los peluches nació cuando se enfermó a la tiroides y estuvo mucho tiempo en el hospital: “tenía que inventar algo que hacer y se me ocurrió empezar a hacer peluches de regalo para mis amigos y así salió la idea”.

Habla con mucho cariño de su familia. Vive en Rondizzoni con su madre, su padre y 2 hermanos menores que ella. Junto a ellos son el sustento del hogar, ya que, tanto su madre como su padre están enfermos: “por eso es que trabajar para mí es importante, para poder ser un apoyo en mi casa”. Sus dos hermanos también trabajan.

Llegó a la Fundación el año pasado, cuando hizo un curso de telar mapuche en nuestro Centro de Emprendimiento y Desarrollo Barrancas, en Cerro Navia: “al principio el curso lo tomé para aprender diseños diferentes y luego me di cuenta que me gustaba y podía crear cosas diferentes que aportaran a mi emprendimiento”.

Ahí fue que conoció al equipo de trabajo de Barrancas y entre ellas, a la Directora de Centro, Danae Barrera, quien la incentivó a realizar un voluntariado con la Fundación: “me contó que necesitaban personas que hicieran cursos de alfabetización digital. Yo al principio no quise porque por temas de tiempo y dinero para trasladarme, no podía, pero cuando empecé a trabajar en forma más fija, me entusiasmé y le dije que sí”.

Estaba un poco asustada al partir, nos cuenta. Nunca había hecho clases, por lo que temía que no la entendieran o que lo hiciera mal, pero resultó todo un éxito, tanto para ella, como para los alumnos.

“Quise experimentar cómo me iba y  hacer otra cosa. Además buscaba conocerme yo misma haciendo un voluntariado. Ahí me asignaron el primer curso. Igual estaba nerviosa, porque era un grupo de 10 personas mayores, que podían ser tercos con la tecnología y que se podían enojar. Pero salió todo bien y me sorprendió como aprendieron. Algunos eran emprendedores, otras eran mamás que querían aprender o que necesitaban saber más para poder trabajar. Había de todo”.

Fue tanto lo que le gustó, que realizó un poco después de concluidas las clases, un segundo curso de alfabetización digital con un nuevo grupo.

“Que me dijeran ‘profesora’ era como impresionante, porque yo fui alumna alguna vez, entonces para mí fue una sorpresa. Pero lejos lo que más rescato son las personas. Uno se va encariñando con los alumnos. Me impresionó el cariño que se dio entre ellos, que se apoyaban y que se estimaban mucho. Yo mis alumnos me impresionó”.

Luego de las dos clases que hizo, Joselyn hace un balance muy positivo, ya que, aprendió mucho tanto de ella misma, como de sus alumnos.

“Fue una rica y nueva experiencia. Pude conocer mis capacidades, me ayudó a conocer que puedo acercarme mucho a las personas y que puedo hacer cosas que no creía capaz de hacer. Porque uno ve a los profesores y dice: ´¿cómo lo hace?, ¿cómo se para en frente?, ¿cómo enseña?’ Y me di cuenta que yo sí podía hacerlo, que estaba haciendo lo mismo que mis profes en media”.  

Recomienda a todos realizar alguna vez un voluntariado, ya que, siente que es mucho lo que se entrega y también, lo que se gana.

“Aparte de adquirir experiencia, uno queda lleno de buenos recuerdos. Yo aprendo de ellos y ellos aprenden de mí. Me entregaron muchas herramientas que me hicieron crecer más como persona y conocerme como profesora”.

Fundación Trabajo para un Hermano es un espacio para que tú realices un voluntariado. Todos tus talentos y tus dones son bienvenidos. Puedes dictar clases, ayudarnos con lo administrativo, en comunicaciones o bien, hacer algo concreto con nosotros. Estamos aquí para escucharte y ver juntos qué es lo que puedes hacer y entregar. ¡Atrévete! ¡Te esperamos!

  

 

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