Alegría, optimismo, templanza y mucho amor, es lo que Rosa Zárate Mancilla, desprende. Una mujer que ama a su familia por sobre todas las cosas y lo demuestra en todo su discurso y su quehacer.

Tiene 59 años y lleva 35 casada con su marido, Ricardo y nos cuenta que “con sus altos y bajos” es muy feliz: “somos bien modernos para la edad que tenemos”, nos cuenta riendo.

Para ella, lo afectivo es importante y puede notarse cuando abraza a su nieto de 4 meses, Facundo; al aconsejar a su hija Carolina, de 34 años; o al hacer una maqueta con su hijo Diego, de 14 años.

Nos cuenta que uno de sus máximos hobbys “desde jovencita” ha sido el basquetbol, deporte que inculcó a su hija mayor desde pequeña: “yo jugaba con unas vecinas y la llevaba desde chiquitita. Le gustaba, así que le dije que si me mantenía las notas en el colegio, la metía a jugar”. Y es así como llegó a ser parte de la Selección Chilena de Basquetbol, título del que Rosa está muy orgullosa. Sigue jugando todos los sábados o los domingos junto a su hija y un grupo de mujeres con los que hacen campeonatos todos los años en San Miguel. Llevan 20 años jugando.

Para Rosa el esfuerzo y la dedicación en el estudio son importantes. Nos cuenta que una de sus mayores frustraciones en la vida fue no haber tenido la oportunidad de estudiar una carrera: “en esa época no se podía. Había un solo sueldo y éramos 5 hijos. Ni yo, ni ninguno de mis hermanos y hermanas pudo estudiar y yo saqué la media de noche. Siempre les digo a mis hijos que me hubiera encantado haber sido detective. Por eso para mí es importante que mis hijos si puedan hacerlo”. Por lo mismo, se siente feliz de que su hija Carolina haya podido sacar su título de Educación Física y que su hijo Diego esté en una buena escuela.

Ahora bien, nunca es tarde para aprender. Y es por eso que desde que Rosa conoció a la Fundación Trabajo para un  Hermano, ha realizado ya cuatro cursos de capacitación. Partió con el de Educación Previsional que asegura que le cambió su mirada sobre su futuro, ya que, antes de él “ni siquiera me preocupaba del tema”; luego realizó el curso de Tejido Precolombino, del que se siente muy orgullosa porque se graduó con máxima distinción: “salí con nota 7. Además que en vez de entregar una simple arpillera con todo lo que aprendimos a mí se me ocurrió hacer un bolso y fue catalogado como muy creativo”; Después realizó el curso “mejorando la creatividad para emprender”; y el último que hizo este año 2016 fue el de Tejido a Máquina Semi Industrial.

Para ella todo el mundo del tejido es otra de sus adoraciones. Nos cuenta que siempre ha sido “amante del palillo y del crochet”. Antes de llegar a la Fundación, ya creaba algunos productos, sobre todo ropa para niños, que es lo que más disfruta hacer. Pero siente que la llegada a Trabajo para un Hermano y todo lo que ha ido aprendiendo en los cursos, la ha impulsado aún más.
Hoy hace todo tipo de pedidos a tejido o a crochet que le pidan: muñecas, collares, chalecos, manteles e incluso juguetes para bebés. Todo lo promociona a través de su perfil de Facebook y lo vende.

“Los cursos de la Fundación te ayudan mucho a ser más ordenada. Antes uno tejía cuando podía, ahora me doy tiempo real para hacerlo, para sacar adelante lo que me encargan. Voy variando mis clientes y le he logrado poner el real precio a las cosas y a valorar mi trabajo”.

Cree en la importancia de  la capacitación para ser un aporte en su familia y para crecer como mujer: “es muy importante capacitarse para ser un real aporte y además poder ayudar en tu familia. Aparte que te cambia mucho como mujer, intercambias ideas, creces mucho y lo más importante, es que se crean amistades muy lindas”.

Y es que justamente es el compañerismo y la acogida lo que Rosa destaca en todo el tiempo que lleva en Trabajo para un Hermano: “la Fundación para mí es llegar a un hogar, es llegar a una casa en donde estás bien acogida, bien abrazada, es bonito. Preguntar dónde están mis amigas, tener un lugar para juntarnos. Me encanta”.

Rosa se reúne todas las semanas con un grupo de “tejedoras”, mujeres que se han hecho amigas luego de hacer algunos cursos juntas en la Fundación, que se reúnen a tejer, pero también y lo más importante, a intercambiar experiencias y conocimientos sobre distintas técnicas que cada una sepa.

“Es bueno porque te asocias con otras personas que tienen ideas distintas y eso, te ayuda. Son buenas compañeras, buenas amigas, si las necesitas siempre van a estar. Todas nos ayudamos entre nosotras. Una de las cosas que más me gusta de estar aquí es que todas tienen muy buenas disponibilidades y voluntades. Aquí sólo llega gente con la disponibilidad de tender la mano y de ayudar. Por eso mismo me quedo en la Fundación y no me voy a otro lado a seguir aprendiendo”.

En Trabajo para un Hermano seguiremos generando espacios de unión entre compañeras, para que sean ellas mismas quienes se empoderen y se sientan capaces de entregar sus conocimientos unas a otras.

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