Para Gabriel Sepúlveda Ortiz, el sindicalismo es parte de su vida. No en vano le ha entregado 12 años al sindicato número 3 de la empresa donde trabaja desempeñándose como presidente.

Tiene 52 años, es casado hace 23 años y tiene una hija de 23 y un hijo de 21.

Lleva 28 años trabajando en el Cementerio Metropolitano, pero conoce lo que es el trabajo, ya que desde muy pequeño aprendió lo que era trabajar para poder pagarse sus estudios de enseñanza media y luego técnica. “Trabajaba vendiendo diarios en los puestos o en lo que saliera, todo para poder estudiar”.

El ejemplo de su padre fue muy importante en su vida y lo marcó en forma especial.

“Yo a mi papá lo vi toda su vida trabajar y ser honrado, viejo obrero toda su vida y cuando terminó de trabajar en su empresa no ganó absolutamente nada. De una manera esa imagen de mi papa levantándose todos los días a trabajar, es también lo que me movió a mí a hacer todo esto”.

Estudió primero en una escuela industrial automotriz y al salir, como no encontraba trabajo en su área, un amigo le ofreció un pequeño puesto en un Taller de material didáctico, que le permitió seguir estudiando y así obtener un título técnico de técnico en programación.

Luego de trabajar en dos empresas anteriores, entra al Cementerio Metropolitano. Se desempeñó 12 años en programación, para luego pasar a ser jefe de adquisiciones y ahora supervisor de operaciones.

Fue el año 2004 que Gabriel comenzó a ver que existían algunos problemas internos en la empresa familiar del Cementerio y decidió unir a sus compañeros vendedores, guardias vigilantes y empleados, que no estaban sindicalizados aún, para unirse en la misma causa.

El Sindicato Número 3 de Trabajadores del Cementerio Metropolitano se constituye formalmente el 17 de junio del 2004 y su primera negociación colectiva la realizaron el año 2006, ya que, respetaron la que existía esos años.

Hoy, luego de 12 años, Gabriel siente que se han ganado un lugar en la empresa: “Nos logramos posicionar como un sindicato que se escucha, somos un aporte, se nos llama, se nos toma en cuenta. Se logró un respeto hacia nosotros”.

Cree que es muy importante que los trabajadores estén sindicalizados, ya que, la fuerza conjunta, siempre será mayor que la individual.

“Hay cosas que desde el punto de vista colectivo funcionan mucho mejor, que desde el concepto individual. Se tiende a generar también un sentido más de grupo, de pertenencia a algo. Tiende a unir a la gente bajo un tema común, que es el trabajo y sus condiciones”.

Para Gabriel pertenecer a un sindicato ha sido fundante en su vida y la ha marcado profundamente, ya que, el camino elegido no ha estado exento de complicaciones, pero a él le gusta y está apoyado por su familia que es lo más importante para él.

“Cuando uno se mete a cuestiones sociales, saber que se va a meter a problemas. Pero debe ser como en el fútbol, como el gallo que es bueno para la pelota y que hace el gol. Cuando vemos que la idea que se te o que se nos ocurrió, se gestó y se plasmó en algo práctico y que con eso se pudo ayudar a gente, para uno, eso es el gol del futbolista, que las ideas tú las puedas convertir en acción. Ahora, muchas veces tienes que dedicarle más tiempo fuera de lo laborar al sindicalismo porque no tiene horario. Tiempo después del trabajo o los fines de semana. Mi familia me entiende, me apoya y me han aguantado, saben que esto me gusta y voy a estar siempre metido”.

Gabriel ama el sindicalismo y siente que su vida no estaría completa sin él. Le tiene cariño a sus compañeros y cree profundamente en sus causas.

“Sería muy egoísta de mi parte quedarme muy cómodo en mi casa o acá en el trabajo haciendo solo mi pega y preocupándome de mí y que los demás se jodan. A mí lo que más me gusta, es tratar de ayudar a la gente en cualquier tipo de cosas que tenga que ver con el tema laboral, eso me llena. Si yo puedo ayudar a ese compañero a que se consiga unas lucas o ese permiso o algo que necesite, yo con eso ya me siento más que pagado. Un sindicalista nunca debe olvidar que en primer lugar está al servicio de las personas que lo eligieron, fuimos elegidos por nuestros compañeros para representarlos a ellos”.

Está convencido de que el trabajo es una parte inherente al ser humano, sin él, la persona deja de serlo.

“Para mí, el trabajo es parte de la vida y se debe mirar con respeto a la gente que lo ejerza porque dignifica. Tiene que ver con el sentirse bien como persona, con el saber que tú puedes aportar, con el tema de la dignidad, el sentir que es parte de un todo. Un buen trabajo no sólo tiene que ver con un buen nivel de remuneración, sino con un buen trato hacia la persona que ejecuta ese trabajo, que la persona se sienta bien haciendo su trabajo, que el ambiente sea adecuado, que el empleador respete a la persona”.

Ahora bien, cree que falta mucho para poder llegar en nuestro país a entender y ejercer el concepto del Buen Trabajo: “acá y en muchos lados estamos al debe. Muchas veces incluso nosotros mismos con nuestros pares les hacemos lo que no queremos que nos hagan a nosotros”.

Con respecto al sindicalismo en Chile, su posición es muy crítica y cree que queda muchísimo por hacer y que no estamos en buen pie para hacerlo.

“El sindicalismo en Chile está débil, muy fragmentado, muy dividido. Las dos grandes centrales que hay prácticamente no se miran. El sindicalismo se ve solamente a nivel de empresa y no a nivel macro, no se preocupan de los temas a nivel país, no participan de las grandes decisiones país, no van más allá. Yo miro con envidia la causa de los estudiantes. Poner en primera plana el tema de la educación. Lograron que los políticos se preocuparan y los trabajadores no somos capaces de instalar el tema y poner nuestras demandas en forma colectiva para que se nos tome realmente en consideración”.

Ve con recelo la Reforma Laboral y cree que los cambios para los sindicatos, no serán muchos: “yo nunca pensé que la reforma tal como la plantearon la iban a aceptar y no va a ser mucho lo que se va a avanzar. Creo que la CUT equivocó el camino y se puso del lado del gobierno, cuando ellos debieran estar del lado de los trabajadores. Creo que va a salir una reformita, un maquillaje, pero no la gran reforma que se pensaba”.

Sobre la discusión sobre el sueldo ético mínimo, piensa que pensar en $400.000 es muy poco: “si miramos el tema históricamente y nos basamos en el golpe militar cuando se congeló el sueldo mínimo, hoy deberíamos llegar a los $500.000, por lo tanto, lo propuesto se quedó corto. Ojalá sea una discusión que se tome en serio y que no pasaran otros 10 años para lograrlo”.

Gabriel piensa en grande y hoy junto con otros 4 sindicatos, uno más del Cementerio Metropolitano y 4 del Parque Del Recuerdo y con apoyo de la Central Autónoma de Trabajadores (CAT) formaron en enero una Federación de Trabajadores de Cementerios, que busca sensibilizar a la gente y a las autoridades sobre los riesgos en el trabajo en los cementerios y la importancia de esta labor, ya que, está convencido de que queda mucho por hacer y que poniendo toda su fuerza y sus ganas, pueden lograr hacer realidad sus demandas.

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