Las múltiples pruebas que la vida le ha dado, nunca han sido un obstáculo para ella. Y es que Inelia Cubillos es luchadora y ha sabido darle siempre una vuelta a su destino y sacar adelante a su familia, incluso desde el suelo, una y otra vez.

Es una mujer esforzada y que valora en forma profunda el trabajo, ya que, lo hace desde muy joven. Saliendo del colegio se puso inmediatamente a trabajar. Sus primeros años se desempeñó en Artimed y luego como cajera en Falabella y Almacenes Paris. Después de eso, trabajó 6 años en la Isapre Banmédica. Fue en este periodo que tuvo a sus dos primeros hijos y se separó de su primer marido.

Es aquí, cuando entra a trabajar en Chilectra, empresa en la que se desempeñó por 12 años. Trabajando en esta compañía, se enamoró de otro hombre y tuvo dos hijas más, una de ellas, con una gran discapacidad motora e intelectual, que le cambia la vida para siempre.

“Tener una hija así fue muy duro en un comienzo, pero ha sido una maravilla y una bendición. Ella es la que me cuida a mí. Mi Renata es mi luz y mi impulso para seguir”. 

Luego de algunos años y debido a la enfermedad de su hija Renata, Inelia dejó de trabajar en Chilectra. Además se separa de su segundo esposo. Debió entonces ingeniárselas para salir adelante, pero la vida le fue mostrando algunos caminos y luces.

“Yo valoro mucho la oportunidad. Siempre he dicho: si te caen limones del cielo, aprende a hacer limonadas”. Y es que fue en ese entonces, hace unos 6 años que su madre le regaló una máquina de coser pequeña, pero rendidora y comenzó su emprendimiento muy precariamente. A Inelia desde pequeña le gustó la costura. Aprendió de su abuela materna, que era modista y visitaba todos los veranos en Valparaíso. Cuenta, con mucho cariño, que fue su abuela la que le enseñó a hacer sus primeros vestidos para muñecas.

Y así la vida le empieza a abrir puertas. A través de la Municipalidad de Quilicura, realiza un curso de Corte y Confección de Ropa con la Casa de la Familia y recibe un diploma.

Luego, llega al Fosis y recibe un monto en dinero con el que puede comprar telas, arpillera y otra máquina de coser más grande y moderna, para hacer sus productos. Es aquí donde conoce a Trabajo para un Hermano y recibió clases de gestión para su emprendimiento.

“Son profes interesados en que uno aprenda. Se ponen en los zapatos de uno. De la fundación lo que más he aprendido, ha sido el tema de orden, de la organización. El valorar mi trabajo y a mí misma. Me he aprendido a querer y saber que la gente me quiere”.

Debido al buen desarrollo del proyecto de Inelia, ganó un monto complementario desde Fosis, dinero que utilizó para volver a comprar más telas y así seguir creciendo con su negocio.

 “Todo esto ha sido un sueño hecho realidad. Me he dado cuenta que querer es poder, tenía ganas de surgir y las cosas se fueron dando. Nuestra vida siempre ha sido de mucho sacrificio, pero siempre contenta. He aprendido a recibir las oportunidades que me da la vida y a saber que de ellas, te tienes que agarrar con todo”.

Inelia sueña con tener pronto un taller y quizás darle trabajo a más personas. Quiere llamar a su emprendimiento, “Mis regalonas” debido a sus dos hijas que son, en sus palabras, su “empuje a seguir”.

En Trabajo para un Hermano seguiremos motivando a nuestros emprendedores a seguir adelante con sus proyectos, a creer en sus talentos y a cumplir sus sueños porque creemos en el capital humano que todos ellos tienen y la importancia de valorar su trabajo, como nosotros lo hacemos.

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